En una columna pasada les contaba mi primer acercamiento con el tejido como acto político, en tanto que esta práctica ancestral presente en muchos pueblos tribales y no tribales permite a las mujeres construir espacio común para la resistencia frente a las incontables formas de violencia perpetradas en los cuerpos de las mujeres y personas LGTBIQ+, caracterizadas por una crueldad y sevicia que aterraría a cualquier persona que se acerque a sus testimonios. Violencia perpetrada sin distinción por todos los actores el conflicto, incluidas las Fuerzas Militares, que buscan mantener la subordinación de la mujer al hombre, la cosificación de la mujer, y reforzar la heteronormatividad en los territorios. Las mujeres han sido tratadas como botines de guerra y en sus cuerpos se ha inscrito el terror de la ocupación alternada de los diferentes grupos armados. Se ha verificado como práctica habitual la violencia sexual y exposición pública tanto de mujeres como de personas LGTBIQ+ a manera de “pedagogía” patriarcal en las comunidades. Durante la guerra se ha perpetuado la cosificación al punto de considerar como “cuerpos disponibles” las mujeres que ejercen la prostitución; se ha romantizado el acceso a los niños y niñas; así como muchas mujeres transgénero y personas de diversidad sexual han sido violentadas y asesinadas por su identidad de género u orientación sexual. Las mujeres indígenas no han sido ajenas a esto, por lo que, consciente de esta situación, Yoraima Izquierdo, movilizado las mujeres tejedoras de la Sierra, me propone realizar un ejercicio de memoria en la Sierra, para escuchar y tejer memoria con mujeres arhuacas, cancumas y wiwas, víctimas y actoras dentro el conflicto. Una juntanza de mujeres para mujeres que tejiendo reconstruyan su historia e hilando sus emociones caminen juntas hacia la sanación y conservación el territorio. ¿Cómo negarme a semejante invitación? Conversamos y juntas planeamos el encuentro en el que aflorará el dolor que sanaremos con música y amor. Las mujeres, con ilusión, iniciaron su camino desde AETCR- Pondore, de Fonseca, La Guajira: de la Jagua de Ibirico, Cesar; así como de diferentes asentamientos en la Sierra Nevada. Tomé mi ukelele y un avión a Valledupar para este encuentro, que se da cita en Pueblo Bello, Cesar. Un camino hacia la sanación, un camino hacia dentro, un camino que se entreteje entre nosotras, un camino que nos llevó a darnos un abrazo profundo, sentido, amoroso, de esos que se dan entre hermanas, pese a que era nuestra primera vez juntas. Reconocí en cada una esas ganas de reconstruir y de dejar un mejor lugar para sus hijos e hijas. Un lugar que no repita sus dolores y sus errores.
*Especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.
“Las mujeres han sido tratadas como botines de guerra y en sus cuerpos se ha inscrito el terror de la ocupación alternada de los grupos armados”.
