Esta máxima, expresada por Benito Juárez, es una fórmula universal para la convivencia humana y todos debemos conocerla para que cuando alguien se sienta dueño de la verdad y busca lo que él cree justo, no arremeta abusivamente contra aquellos que no sigan sus directrices, desconociendo los derechos de los demás.
Muchos piensan que el fin justifica los medios; para la muestra el famoso ‘Tirofijo’, quien desató una orgía de sangre que lleva décadas, porque le mataron unas gallinas en su parcela.
Quiero referirme al paro impulsado por el Comité no + Peajes. Por cinco días consecutivos, y amparados por un estado que políticamente abandonó su obligación de proteger a sus ciudadanos de cualquier Calígula criollo que aparezca, literalmente secuestraron una vasta región del norte de Bolívar, cometiendo toda clase de atropellos por lo que ellos consideran un cobro indebido de peaje.
Hace pocos días apareció en las redes un video en el que uno de los voceros de ese movimiento anunciaba, triunfalmente, que desesperados ciudadanos habían descubierto una ruta por Cañaveral para poder llegar a sus trabajos en Cartagena, cuando él había pensado, cual inhumano carcelero, que todas las puertas de escape estaban aseguradas; luego, y con un cinismo intolerable, el verdugo acusa a los mototaxistas y otros de cobrar sumas exorbitantes a sus víctimas, para poder escapar del cerco ¡Qué considerado!
En otro video, la misma persona, exhibiendo poderes ilimitados, anuncia con un megáfono en medio de una turba enardecida, la prohibición de cruce de motos, bicicletas y cualquier otro medio de transporte, y notifica el cierre de otros puntos en Bolívar y Atlántico, lo que prueba el deterioro al que hemos llegado en este país, donde cualquiera se atreve públicamente a dar pruebas de un sinnúmero de violaciones a la ley que, en otras naciones, donde la autoridad se aplica, resulta en condena de cárcel.
Narro toda esta situación porque me llama la atención que hemos perdido nuestra capacidad de conmovernos ante todas estas atrocidades, nos acostumbramos a aceptar con mansedumbre estos atropellos a nuestra dignidad, porque el estado no protege a sus ciudadanos, como es su deber.
Mientras no aprendamos a protestar de manera civilizada, respetando los derechos de los demás; la anarquía y la violencia seguirán llevando a Colombia hasta un punto de no retorno, con resultados que no nos podemos imaginar.
Exhorto a los miembros del comité a ser responsables con la ciudadanía, la cual no tienen derecho a maltratar, y llegar a acuerdos pragmáticos y convenientes, como debe ser en un país civilizado.
