Lamentable que todos los expertos y protectores del mangle hayan esperado tanto tiempo, hasta cuando ya no había nada que hacer, para rasgarse las vestiduras y arremeter con improperios de desafuero contra todos los funcionarios y ciudadanos que, ante el irremediable desastre de una cloaca a cielo abierto, se dieron a la tarea de apoyar las soluciones de unión y cultura ciudadana, convocadas por el Distrito para recuperar el caño Juan Angola.
Lamentable, porque ese espíritu protector no apareció cuando, hace 58 años, se decidió, sin fórmula de juicio, bloquear el flujo del caño Juan Angola, a la altura de la nueva pista del entonces llamado aeropuerto de Crespo, condenando al raudo y atractivo curso de agua al estancamiento y a la podredumbre, para luego convertirse en receptáculo de aguas servidas, materia orgánica y todo tipo de desechos sólidos, incluidos escombros de construcción.
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Triste que nuestros expertos, durante más de medio siglo, le hayan entregado la responsabilidad de proteger el ecosistema del caño y otros cuerpos de agua de la ciudad a unas plantas de mangle, que poco a poco fueron llegando, movidas por corrientes y mareas y atraídas por un medio contaminado, lleno de materia en descomposición y con mínimos niveles de oxígeno disuelto, en los que ya la vida era prácticamente imposible.
Se conformaron con creer que podíamos contaminar hasta el final de los tiempos, ya que, mientras los cuerpos de agua se llenaran de mangle, no tendríamos problemas, porque, bastaba simplemente con observarlos y dejarlos trabajar, para que, por arte de magia, nuestras ciénagas, lagos y caños fuesen unos paraísos. Error fatal: realmente no hay que ser un experto para darse cuenta de cuán equivocados estaban sobre el tremendo daño que le hicimos y seguiremos haciendo al ambiente de no actuar correctamente.
Propios y extraños ponderan y disfrutan hoy el excelente resultado que se viene logrando y que, incluso, ha llamado la atención del Gobierno nacional y el resto del país, desde donde se asegura que los beneficios que se obtendrán con la utilización del recuperado caño, como vía del transporte acuático y nuevo centro del ecoturismo sostenible y el aprovechamiento socioeconómico, serán igualmente importantes.
El equipo liderado por la Alcaldía de Cartagena y Edurbe logró motivar a toda la ciudadanía, y hoy son los propios vecinos del caño Juan Angola quienes se encargan de vigilar los trabajos y cuidar su sostenibilidad. El paisaje recuperado que se observa al llegar a la ciudad ha agradado tanto que, aun sin terminar trabajos, ya los visitantes se detienen a disfrutar del nuevo ambiente.
Por último, aclararles que el mangle sí funciona, los que no funcionamos somos nosotros.