No hay duda de que la transición energética es una necesidad. Se requiere enfriar el planeta para enfrentar el cambio climático, lo que implica moverse de combustibles fósiles a unos más amigables con el medio ambiente. Esta transición impone retos al país y especialmente a aquellos territorios productores de energías contaminantes. Es el caso del Cesar, donde cerca del 40% de su Producto Interno Bruto (PIB) es generado por el carbón.
Ante la reducción de la demanda global por este mineral en el mediano plazo, el Cesar debe pensar en nuevas alternativas productivas que sustituyan esta actividad minera. No solo por el peso en la producción departamental, sino también por la importancia que tienen las regalías en los presupuestos de los gobiernos municipales y del departamento. Una aproximación a la importancia de las regalías en las finanzas públicas del Cesar puede tenerse al revisar los presupuestos asignados en el Sistema General de Regalías (SGR) en el periodo 2015-2024. En esos diez años, al gobierno departamental le han sido asignados 4 billones y a los municipales 2,2 billones de pesos. Es decir, que el sector público ha dispuesto de 6,2 billones de pesos durante ese lapso. Eso equivale a disponer de un fondo de desarrollo departamental de cerca de 1.600 millones de dólares.
A pesar de estos montos, los indicadores de pobreza del Cesar se mantienen por encima del promedio nacional. Por ejemplo, el porcentaje de cesarences en condiciones de pobreza monetaria era del 52% en 2022, mientras que el promedio del país llegaba al 36%. Pese que entre 2002 y 2017 la tasa de pobreza monetaria descendió en el departamento hasta llegar a 41,7%, desde 2018 volvió a crecer y empeoró con la pandemia. Además, la brecha entre el departamento y el promedio nacional se ha mantenido a lo largo de los años.
Un adecuado uso de las regalías hubiese permitido mejorar las condiciones de pobreza en el Cesar. En 2018, la iniciativa Casa Grande Caribe estimó las inversiones requeridas para cerrar la brecha social de la región frente al país. Para el Cesar, en un horizonte de 12 años y en dólares, se requerían 690 millones en educación, 340 millones para nutrición y primera infancia, 240 millones para salud, y 460 millones en acueducto y alcantarillado, lo que equivaldría a un total de 1.730 millones. Las regalías asignadas en los últimos 10 años habrían contribuido en una gran proporción a este propósito. Enfrentar la transición energética demanda inversiones en capital humano y en ampliación del aparato productivo de los territorios productores de minerales e hidrocarburos. Por supuesto, además de recursos, es primordial una adecuada priorización, estructuración y ejecución de proyectos, acompañados de una mayor transparencia en la contratación pública.
