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Columna

Pobreza Caribe: un hecho regional

“En el Caribe colombiano hay hambre de autonomía, pero también hambre física anidada en la pobreza multidimensional que está en 26.8%. La región está compuesta por siete departamentos continentales...”.

Eduardo García Martínez

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En el Caribe colombiano hay hambre de autonomía, pero también hambre física anidada en la pobreza multidimensional que está en 26.8%. La región está compuesta por siete departamentos continentales y uno insular, tiene condiciones estratégicas para jalonar el desarrollo nacional, comenzando por el mar, pero diversas circunstancias le han impedido conquistar el sitial de privilegio en el que debería estar. Se achaca el fenómeno al centralismo que asfixia las más sentidas esperanzas costeñas desde siempre, pero hay otras razones endógenas que deben superarse. Entre ellas intereses políticos y económicos poco interesados en trabajar en colectivo para tener mejores posibilidades de avanzar hacia un bienestar refrenado durante largo tiempo.

La población del Caribe llega a 11 millones de habitantes y su mayoría naufraga en pobreza. El trabajo es ampliamente informal, la violencia crece de manera exponencial mientras algunos servicios públicos como la energía eléctrica llevan más sombras que luces a los hogares que no tienen cómo pagar tarifas tan leoninas. Uno de los retos más importantes para el Caribe es enfrentar la pobreza y reducir el hambre al máximo en el campo y las ciudades, donde hay verdaderos cinturones de miseria. Ninguno de los denominados “hechos regionales” que impactan el Caribe tiene tanta trascendencia y validez como la pobreza, porque está regada en todo su territorio y afecta a la mayoría de la población costeña.

En Cartagena, por ejemplo, miles de familias enfrentan el hambre con un estoicismo que lacera. Niños, adultos, ancianos si desayunan no almuerzan y si almuerzan no comen. El fenómeno, que parece eterno, no es particular, se extiende a lo largo y ancho del territorio Caribe, arrooando ciudades y campos.

De modo que lo recomendable sería atacar el problema como verdadero hecho regional /fenómeno social, económico, cultural, ambiental, físico que afecta a dos o más territorios /entre los ocho departamentos y sus ciudades capitales, con el apoyo del Gobierno nacional, la banca multilateral y la cooperación internacional.

Se requiere elaborar un diagnóstico actualizado, un plan de acción audaz y un compromiso político a toda prueba, para que sea exitoso. Ya no es posible que cada ente territorial asuma de manera individual un compromiso de tamaña envergadura.

En columna reciente abogué por una “Alianza Caribe para fijarle nuevos horizontes a nuestro destino”, pensando en romperle el cuello al cisne de las individualidades.

En tiempos de pandemia, junto con Raimundo Alvarado, Amilkar Acosta y Elvia Mejía, abogamos por atacar el covid-19 como un hecho regional, pero no hubo respuestas. Los gritos del hambre podrían hacerse oír, ahora, con mayor certeza.

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