Una vez más, y después de 12 años jugando en la B, Real Cartagena no llegó a la final del torneo este primer semestre, pese a que la ilusión de la hinchada era mayor que nunca por la contratación de jugadores de renombre como Teófilo Gutiérrez, Juan Camilo Angulo, Christian Marrugo, el Chino Sandoval, entre otros.
Un gol, eso fue lo que le faltó al equipo auriverde para acceder al juego definitivo y aspirar a ser campeón. Suena fácil decirlo, pero es que precisamente a los jugadores se les hizo difícil inflar la red.
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De los ocho clasificados a los cuadrangulares, Real Cartagena entró siendo sexto con 26 puntos, uno más que Orsomarso (séptimo), y a 13 puntos de Atlético Huila que comandó la tabla con 39. Ya en los cuadrangulares, Huila se desinfló y Orsomarso sorprendió al quedar como finalista con 13 puntos, los mismos que Real, pero con un gol más de diferencia.
Es incomprensible que Real Cartagena haya sufrido tanto y no accediera a la final con la nómina que tenía, mucho mejor conformada que la mayoría de los equipos, por no decir que de todos. Por eso, no hay duda en calificar como un fracaso este primer semestre.
Ocurrieron varias situaciones que fueron llevando al inesperado destino: las lesiones, el bajo rendimiento de algunos jugadores de los que se esperaba más, como el caso del portero Juanito Moreno, quien terminó siendo suplente. Sin embargo, si algo quedará en la mente de los aficionados son un par de decisiones inexplicables que incidieron de una u otra forma en no poder alcanzar el objetivo.
Primera, la decisión de apartar del equipo, por supuestos actos de indisciplina, a Luis “el Chino” Sandoval, quien celebró su cumpleaños por varias horas en su apartamento. Según la información de este diario, los vecinos se quejaron ante el alcalde por el ruido y él decidió que no jugara más. Es cierto que el Chino tiene antecedentes de indisciplina en Junior, pero en Real Cartagena, dicho por el mismo técnico Alberto Suárez, era uno de los más comprometidos, es más, al día siguiente de la fiesta se presentó puntual y sobrio a entrenar. También es cierto que se esperaban más goles de él en los partidos que alcanzó a jugar, pero un goleador de esos, en instancias finales, seguramente sacaba su casta.
La segunda situación y la que más desesperó a los hinchas fue la terquedad del profesor Suárez al esperar tanto tiempo a que Jhon Valencia la embocara. La falta de definición y el reflejo de miedo durante los cuadrangulares eran evidentes. No era necesario esperar que el público furioso coreara en el estadio “sácalo, sácalo”, para actuar. Valencia es un jugador con cualidades de admirar, pero el DT debía ser consciente de que para la instancia final estaba desconectado.
Para el segundo semestre no solo queda corregir, sino reforzar. La ilusión de la verdadera hinchada sigue intacta, ojalá no la desmoronen a final de año.