La evolución de la civilización nos ha traído una mayor comprensión de nosotros mismos y, en las sociedades más adelantadas, la libertad de género se ha convertido en uno de los mayores avances en cuanto al reconocimiento de derechos fundamentales de las personas. La homosexualidad siempre ha sido una realidad, y la cultura ha establecido formas de verla muy variadas, desde la de las sociedades mas avanzadas, donde encontramos alta tolerancia, hasta las más rezagadas, en las que la homosexualidad todavía es delito.
Si hay una cosa envidiable de la Inteligencia Artificial (IA) es su capacidad de síntesis que, combinada con la de búsqueda, contamos con una poderosa herramienta para investigar sobre lo que a uno se le ocurra. Al preguntarle sobre las teorías del origen del homosexualismo, ella me manda la siguiente conclusión: “En resumen, la orientación sexual es multifactorial y compleja. Aunque no existe una respuesta definitiva, la mayoría de los científicos considera que es el resultado de una interacción entre factores biológicos, cognitivos y ambientales. Es importante recordar que la diversidad es parte fundamental de nuestra sociedad, y la comprensión y aceptación son esenciales para promover la igualdad y el respeto hacia todas las personas”.
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Desde la vista de un heterosexual, definitivamente el manejo adecuado del tema está en lo cultural y no en lo moral. La percepción de los no homosexuales está influida por cómo vemos y oímos desde niños hablar del tema. Sin el ánimo de ofender y tratando de ser lo más riguroso posible por respeto a posibles familiares y amigos en esa condición, es impresionante observar cómo nos controla la cultura cuando se presenta la situación de ver un hombre amanerado: la reacción inmediata inconsciente es pensar y decir: “¡Ay, loca!”. El cuento es que, una vez cambiado conscientemente el concepto, se pueda adoptar el hábito de detener la lengua en cuanto aparece el pensamiento. Ah, cosa difícil; pero no imposible. Personalmente lo hice y, llegando casi hasta el nacimiento del pensamiento, he logrado controlarlo. Tenemos tan arraigada en nuestra cultura latina machista esa reacción ante el homosexualismo que, hasta al papa Francisco, quien ya se excusó, se le escapó que no aceptaría “mariconadas” en la iglesia.
El gran problema es cuando la válida y genuina defensa del derecho de una minoría impacta los derechos de una mayoría. Las excesivas y, en ocasiones, grotescas manifestaciones del orgullo gay tocan sensibilidades en la sociedad, máxime cuando sabemos que hay movimientos radicales LGBTIQ+ que impulsan temas perjudiciales para los niños como: las terapias de conversión (cambio de genitales), la ideología de género (adoctrinamiento e inducción al homosexualismo) y hasta las teorías conspirativas, como la llamada agenda 2030, que busca, supuestamente, impulsando el homosexualismo y otras artimañas, reducir la población mundial; estas acciones están afectando a niños, inconscientes del daño a su futuro.
Tremendo privilegio el que tenemos los mayorcitos, al contar con la IA, una amiga digital que nos enseñe a eliminar nuestros prejuicios culturales y a convivir en tolerancia y paz en la diversidad.