Mi sección favorita del periódico es la que nos habla del universo, y esos maravillosos descubrimientos que los telescopios espaciales le brindan a la humanidad. Combinado con algunos videos que recibo en mis redes al respecto, me convenzo con más determinación de que los humanos estamos solos en el universo, y que la Tierra es un planeta único. El Hubble primero y, más recientemente, el James Webb nos han llevado a los confines más retirados del espacio para descubrir maravillosas formaciones nebulosas, impactantes estrellas y hoyos negros, así como planetas misteriosos. También han consolidado un descubrimiento: el Universo se está expandiendo a una velocidad aún mayor que la de la luz, lo que quiere decir que aquello que nos han venido mostrando con espectaculares fotografías ya no existe más, y que solo captamos lo que quedó de su energía. Esto hace todavía mucho más desafiante sostener la teoría de que algún día encontraremos vida fuera de la Tierra. La materia no está estructurada físicamente para viajar siquiera a velocidades cercanas a la luz, mucho menos a la velocidad de expansión del universo.
Como el slogan del Hay Festival, “imaginar el mundo” nos permite tomar perspectivas para comprender mejor nuestras realidades, referenciemos las astronómicas distancias del infinito Universo con los niveles de corrupción en nuestro país. No es el único sufriendo de ese cáncer, pero es en el que vivimos. Tomemos el ejemplo de la sonda espacial Voyager 2, que fue lanzada hace 50 años y ha recorrido más de 22 mil millones de kilómetros. Asumamos ahora que cada millón de kilómetros de su recorrido es lo mismo que cada millón de pesos embolatados por la corrupción y pésimos manejos. Eso querría decir que los 380 mil millones de pesos que se perdieron de la UNGRD, utilizados aparentemente para comprar las conciencias más baratas de nuestro honorable Congreso, serían 380 mil millones de kilómetros de viaje, para lo cual, la Voyager 2 debería haber sido lanzada hace 863 años. Eso también quiere decir que los romanos tendrían que haber lanzado la sonda, y que cuando los españoles llegaron a América, tuvieron que haberles dicho a los aborígenes que hacía 371 años la humanidad había lanzado una nave para encontrarse con sus dioses.
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Más allá de las ideologías
Esta comparación suena un poco ridícula, pero debemos reconocer que más ridículo y temeroso es que ni la sociedad ni nuestro aparato de justicia parecen inmutarse demasiado rápido. Si pusiéramos todo el dinero público robado o mal administrado en la última década, llegaríamos quizás al terrible descubrimiento de que nuestros políticos habrían hecho que los colombianos saliéramos del universo visible, sin posibilidad de retorno. Es cuestión de perspectiva.