Hoy, sábado, para muchos, será la oportunidad compartir en familia o con amigos. Es posible que se incluya licor y música. ¡Ay, qué bueno unos vallenatos! “Porque José me conoce, él, lo mismo que Cheman, que también le gustan las hembras, de 20 de 15 y 14″. “Que no sea celosa, que no sea atrevía, que sepa pegá un botón, que sepa planchá una camisa. Ay, que sepa lavá un pantalón. Y que sepa hacé una comida. Lo demás lo pongo yo”(Las vainas de Diomedes) “Ay, yo sé bien que te he sido infiel, pero en el hombre casi no se nota. Pero es triste que lo haga una mujer, porque pierde valor y muchas cosas” (La falla fue tuya, de Omar Geles) .”Cuando salgo de parranda muchas veces me distraigo con algunas amiguitas (…) Lo que pasa es que yo quiero que descanses, pa’ tenerte siempre bien conservadita” (La celosa, de Carlos Vives). Mucho se ha criticado el reguetón, pero no mucho se dice de otros géneros como el vallenato que también reproducen violencias de género disfrazadas de “gozadera”.
Algunos dirán que, como no existe evidencia científica sólida que demuestre que la música en sí misma promueva la violencia de manera directa, esto no es importante. Pero no podemos dejar de reconocer que de mano de la educación, la salud mental y la crianza; la música que se escucha sí puede llegar a influir negativamente en las personas.
Te puede interesar:
Tropelín de la Universidad
De manera que si escucho a mis familiares y amigos celebrando el trato violento contra la mujer, más fácil se normaliza este tipo de conductas y se valida generación tras generación este tipo de relacionamiento entre el hombre y la mujer. Y es que pareciera que Colombia fuese el único lugar del mundo donde la violencia es folclor, tanto que hasta las imágenes de Pablo Escobar se consideran moda. Por ello hoy quiero resaltar la iniciativa del profe Harris Laguna, denominada “Son de paz”, en la que acompaña un grupo de vallenato conformado por sus estudiantes de la Institución Educativa Trujillo en Becerril (Cesar), realizando reflexiones sobre las letras de las canciones con esa perspectiva de género para aportar desde el aula a la construcción de paz.
Me comentó el profe que, como resultado de este trabajo, los mismos estudiantes decidieron dejar de incluir algunas de ellas en su repertorio. La violencia no puede ser tolerada en ninguna expresión so pretexto de considerarse “arte” por algunos. La misoginia no puede ser celebrada o “gozada” por nosotros y mucho menos nuestras futuras generaciones. Creo que la cultura de la cancelación debe funcionar con esas expresiones. No digo que cancelemos géneros o ritmos, sino las letras violentas que perpetuán el machismo en nuestra sociedad. Que la rumba hoy se inicie con Karen Lizarazo - Poder femenino. ¡Feliz sábado!