En ocasiones la naturaleza nos da unos campanazos de alerta que muy pocas las veces los tenemos en cuenta, lo que conlleva a desenlaces poco agradables. Desde cuando se construyó la avenida Santander, años 70-71, la zona frente al Baluarte de Santo Domingo mostró cierta fragilidad frente al embate del oleaje, razón por la cual fue intervenida en más de una ocasión, sin que se hubiera tenido en cuenta que era imprescindible amortiguar la energía de las olas, dándole a las rocas la forma adecuada para evitar una abrupta rompiente. Pues el mar hizo su trabajo y fue así como en los primeros meses de este año, un fuerte oleaje puso en evidencia la socavación de un gran tramo de dicha protección, que amenazó la estabilidad de la avenida. No sabemos hasta cuándo sean eficaces las reparaciones que se hicieron.
Lo anterior lo traigo a colación por la poca importancia que se le ha dado dentro del proyecto de protección costera al comportamiento histórico de ese litoral, entre los baluartes de Santo Domingo y Santa Catalina, La Tenaza. Aunque se tiene proyectado construir tres rompeolas distantes cien metros de esa zona, que podrían mitigar los efectos adversos del oleaje, hay una opinión contraria del lado de los conservacionistas del patrimonio, que defienden la existencia de una escollera sumergida construida por Antonio de Arévalo entre 1762 y 1771, después que un violento temporal destruyera gran parte de ese lienzo de muralla.
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Lo ideal sería que se hicieran los estudios batimétricos, fotográficos y de georreferenciación que determinen la real existencia y estado de dicha escollera, que fue construida hace más 200 años, para despejar cualquier posibilidad de que los nuevos rompeolas queden sobrepuestos en dicha escollera. Estaríamos frente al dilema: o protegemos esa escollera o protegemos el patrimonio tangible de las murallas. En este caso se debería involucrar a la Unesco para que sea ese organismo el que determine, con base en un estudio serio, la viabilidad de una nueva protección sin que interfiera con los restos de una protección, de la cual no tenemos certeza técnica de su real estado.
De otra parte y viendo las consecuencias del fuerte oleaje, arriba mencionado, es evidente que la escollera de Arévalo o de La Marina es muy poca la protección que representa para la avenida Santander, las murallas y el Centro Histórico.
La alternativa propuesta en los diseños de la protección costera es costosa, puesto que todo el material rocoso debería ser transportado en barcazas. No sabemos si dentro del préstamo autorizado por el Concejo al alcalde, haya alguna partida para esta obra que es prioritaria para la ciudad. Guerra avisada no mata soldado cojo.
*Ingeniero Civil y Sanitario.