Columna

¡Atención!

“La crisis de atención que describe Hari no es un problema superficial. Requiere una reflexión seria sobre cómo educamos a las nuevas generaciones e interactuamos...”

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Pablo Abitbol
20 SEPT 2024 - 12:00 AM

Hoy vivimos en una época de fragmentación constante. La tecnología nos interrumpe a cada instante, y nuestras mentes, acostumbradas a saltar de una tarea a otra, han perdido la capacidad de sostener la atención. Johann Hari, en su libro ‘El valor de la atención’, señala que esta crisis no es un fallo personal, sino el resultado de fallas estructurales.

La exposición constante a dispositivos digitales ha erosionado nuestras facultades cognitivas y ha reconfigurado nuestros cerebros. El poder de mantener la atención se ha reducido drásticamente la última década, especialmente en los jóvenes. Las redes sociales están diseñadas para captar nuestra atención de forma constante y la capacidad de concentración profunda se ha vuelto un lujo.

Esta crisis de atención no solo afecta la productividad, la creatividad y la empatía. En su raíz, tiene implicaciones mucho más profundas: influye en cómo participamos en la vida democrática. Si no podemos sostener una deliberación informada y respetuosa sobre los asuntos que nos conciernen, corremos el riesgo de ser manipulados por quienes buscan controlar la narrativa pública.

En medio de este problema, ha surgido un mito preocupante: como los jóvenes ya no pueden concentrarse, debemos adaptar la educación con videos cortos, cómics, etc. Como si un libro de 300 páginas pudiera ser sustituido por un video de 3 minutos. Si bien todos los recursos son útiles en su justa medida, privilegiar lo fácil y rápido de digerir en la pedagogía puede ser equívoco y peligroso. Ello tiene que ver con que la educación se esté enfocando más en entrenar a los estudiantes para exámenes estandarizados, que en formar ciudadanos capaces de deliberar críticamente. Las clases fragmentadas en actividades cortas reducen el tiempo para la discusión profunda y erosionan la capacidad de los jóvenes, para pensar críticamente y entender la complejidad del mundo.

Para enfrentar esta crisis es vital limitar la exposición a las pantallas y fundamentar las clases en la exposición de argumentos y la deliberación. Se debe, además, fomentar la lectura y que los apuntes se tomen a mano, con bolígrafo y en papel, pues esto ayuda a procesar con más detalle lo que se escribe y mejora la retención de información.

La crisis de atención que describe Hari no es un problema superficial. Requiere una reflexión seria sobre cómo educamos a las nuevas generaciones e interactuamos con la tecnología. Solo mediante un enfoque consciente y basado en evidencia científica podremos formar ciudadanos capaces de participar en las discusiones complejas, diversas y profundas que constituyen el corazón de la vida democrática.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

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