Este semestre, uno de los estudiantes de mi curso de Historia de las Ideas Políticas me preguntó por qué tenemos que leer a Maquiavelo. La pregunta me pareció tanto pertinente como interesante, y desde entonces he estado tratando de formular una respuesta que la honre.
La pregunta es pertinente por varias razones. Primero, porque es legítimo cuestionar el valor que puede tener hoy un autor como Maquiavelo, o un texto como “El Príncipe”, publicado hace casi medio milenio. Lo mismo podría uno preguntarse respecto a Platón, Locke o Rousseau. ¿Por qué estudiar y debatir ideas políticas tan antiguas y ajenas a nuestro contexto espaciotemporal?
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Segundo, porque, a primera vista, las ideas de Maquiavelo entran en conflicto con los valores y las sensibilidades contemporáneas. ¿Por qué estudiar y debatir las ideas de un autor cuya estrategia política acude a que el fin justifica los medios? Y, de nuevo, lo mismo podría decirse sobre otros autores: ¿por qué leer a Aristóteles, el machista? ¿O a Hobbes, el absolutista? ¿O a Kant, el racista?
Lo interesante de la pregunta surge porque nos invita a pensar tanto en el valor como en las limitaciones del canon ortodoxo de la enseñanza y el estudio de la historia de las ideas políticas.
La limitación más sobresaliente indica que el canon clásico de autores que se estudian en la historia de las ideas políticas consiste exclusivamente de hombres blancos europeos. Esta es una limitación profundamente problemática, pues se asienta en el silenciamiento de las contribuciones de las mujeres y de las culturas no europeas al desarrollo del pensamiento político universal. Es por ello por lo que, junto con mis estudiantes, estamos incorporando importantes textos escritos por mujeres —como Olympe de Gauges y Mary Wollstonecraft— y de culturas no europeas —como la china, la india, la africana y la amerindia— al canon clásico de historia de las ideas políticas.
De ese esfuerzo por feminizar y descolonizar el currículo (¡en el cual aún estamos muy crudos!) surge una dificultad interesante: ¿qué textos y autores del canon clásico excluimos, para abrirles campo a otros? No hay que olvidar que vivimos inmersos en las ideas políticas condensadas por Aristóteles, Hobbes o Kant y que su historia se materializa en la estructura institucional de nuestra vida cotidiana. ¿Reflejan valores caducos, o fallaron aplicando sus propias ideas en la expresión de sus valores? Seguramente, pues eran seres humanos. Nuestro esfuerzo también implica dejar de sacralizarlos, y tratar de interpretarlos y entenderlos bajo “la justa libertad de la distancia”.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.