No podemos ser insustanciales al conocer la magia de la pluma de nuestro Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.
Y bien sabido es que todo escritor desarrolla diversas estrategias cuando se trata de plasmar los personajes en cada una de sus novelas.
Así vemos cómo describen sus protagonistas y la estructura de sus novelas explorando la historia y la ficción, dando forma a una fusión que es la que enamora al lector.
Esta no es otra cosa que un trazado de Hemingway aunado a la influencia de Faulkner, concentrando la formación de Juvenal Urbino de la novela de Gabo “EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL COLERA”.
De esa manera nació el viaje fantástico de la novela, que se desarrolla en Cartagena. Y en esta travesía la ficción y la historia le da supervivencia a uno de sus protagonistas y a la vida útil de la narrativa del escritor.
Sucede que la claridad de la novela se vivió en alguna ocasión en la casa de habitación de Gabriel García Márquez en el centro histórico de Cartagena, donde departían con el escritor varios cartageneros, entre ellos el médico Jaime Trucco Lemaitre, quienes intrigados por la importancia del personaje le consultaron a Gabo sobre si Juvenal Urbino era el famoso médico Enriquito de la Vega siendo sorprendidos cuando García Márquez les replicó: “No. Yo no acostumbró a crear un personaje con la identidad de una sola persona de la vida real. Normalmente lo que hago es tomar cualidades y carácteres de dos o más personas. Y Juvenal Urbino es la fusión de los médicos Ismael Pallares y Enriquito de La Vega”.
Era la aclaración del escritor a sus contertulios en su casa.
Eso nos dejó en evidencia que todos los novelistas tienen sus maneras de ofrecer sus formatos. Por ejemplo, Isabel Allende inicia sus novelas, según cuenta ella, todos los 8 de enero de cada año.
A través de ese enfoque único y misterioso se logra atraer al lector y someterlo para procurar influenciarlos con su estética y acercarlo a su prosa.
Así podemos ver qué todos los escritores tienen sus propios estilo y manías y Gabo no iba a estar al margen como escritor.
