Hace algunos años me encontraba de paseo en Berlín. Ese febrero fue una temporada de muchas lluvias, pero ese día, en especial, cayó un torrencial aguacero. Al llegar a la estación del tren, observé que había un módulo de madera donde las personas llegaban, jalaban un paraguas y seguían de prisa a tomar su tren. Me le acerqué a un oficial y le pregunté (casi que por señas) dónde podía pagar para obtener uno de esos paraguas. Me explicó que no tenía que pagarlo; simplemente lo tomara y la próxima vez que regresara a la estación, lo colocara de nuevo allí.
¡Me parecía increíble! Y me pregunté: ¿Qué pasaría si en Cartagena existiera en los paraderos de los buses un módulo similar, donde la gente tuviera la posibilidad de tomar un paraguas, llevarlo a casa y al día siguiente devolverlo?
Te puede interesar:
Memorias efímeras
¡Exacto! La respuesta que me di fue quizás la misma que están pensando ustedes: no solo no lo devolverían, creo que además se llevarían hasta el módulo.
Entonces, ¿qué es lo que hace que un alemán tenga la conciencia colectiva de que eso es algo para el uso y beneficio de todos y, de acuerdo con ello, regrese al otro día a la estación a devolverlo? ¿Será acaso que los alemanes tienen el lóbulo frontal del cerebro más desarrollado que el de nosotros? Por supuesto que no. La diferencia es simple, se llama “cultura ciudadana”. Y eso es algo que no crece en las personas de manera espontánea como crecen las plantas; no viene en nuestro código genético, como tampoco en el de los alemanes… Se tiene que cultivar, se tiene que enseñar, se tiene que fomentar.
Cartagena es una ciudad que, pese a los cartageneros, resplandece y atrae miles de turistas y visitantes los 365 días del año. Pese a que les cobren $400.000 por mojarra, $500.000 por masaje, $1.000.000 por el paseo en coche, y $100.000 por el taxi del aeropuerto a Bocagrande…
Soy consciente de que el turismo se constituye en uno los sectores de gran dinamismo dentro de nuestra economía local, y entiendo que, de allí la pertinencia de haber creado una Secretaría de Turismo, pero amén de las inversiones estratégicas en el sector, la promoción del destino en medios y redes, los foros y los congresos sobre sostenibilidad… es urgente invertir no solo en la forma, sino en el fondo; de lo contrario, estaremos siempre atacando las consecuencias de un problema y no sus causas.
Mockus planteaba que a través de la pedagogía ciudadana era posible generar sentido de pertenencia y de esa manera transformar los comportamientos con una conciencia de respeto a las normas y a la autorregulación. Pero no se refería a cursos y/o capacitaciones, sino a acciones repetitivas de manera constante, cuyos resultados serían visibles en un tiempo no inferior a siete años. Y claro, ¿qué político va a invertir en algo cuyos resultados se ven a largo plazo? Cuando aquí el parámetro de medición es lo tangible, las cintas que se cortan, las obras que se entregan… y no digo que esté mal, pero si de verdad queremos posicionar a Cartagena como un destino a donde todos quieran volver, no es necesario invertir en tanta parafernalia, sino invertir en nuestro más valioso patrimonio: educar a nuestra gente. ¡Ahí está el detalle!