Hablar sobre la violencia de género es un acto de valentía que debe ser valorado y apoyado. No solo brinda un espacio de sanación para las víctimas, sino que también empodera a otras mujeres y crea conciencia colectiva. Compartir experiencias evidencia las diversas formas de violencia que, muchas veces, se normalizan o se silencian, dejando a las víctimas atrapadas en su dolor.
Es importante entender que mantener un trauma en secreto puede causar ansiedad, depresión y trastornos de estrés postraumático. Al abrirse y contar su historia, las mujeres dan un primer paso hacia la sanación personal, desafiando la cultura del silencio que rodea la violencia de género. Este acto ayuda a procesar las vivencias y a reconstruir la autoestima.
Cuando digo hay que hablar, no solo me refiero a expresar lo que estamos viviendo, sino también a denunciar la violencia y exigir que existan rutas claras de atención. Estas rutas deben garantizar que las mujeres no sean revictimizadas al acercarse a las autoridades, sino que reciban el apoyo necesario para su recuperación y justicia. Es fundamental que el proceso de denuncia sea accesible, respetuoso y efectivo, para que las víctimas puedan sanar sin temor a sufrir más daños.
En Colombia, los casos de violencia de género y feminicidios aumentan. Según el Observatorio de Feminicidios, hasta septiembre de este año, 671 mujeres han sido víctimas de feminicidio, siendo la cifra más alta en los últimos seis años. Estas estadísticas son alarmantes y vergonzosas, especialmente considerando que el Gobierno Nacional creó el Ministerio de la Igualdad y Equidad con un presupuesto significativo; sin embargo, aún no vemos resultados concretos.
Es urgente que el Gobierno se articule de verdad con las autoridades locales para crear estrategias efectivas de protección para las mujeres, que incluyan no solo medidas de seguridad, también programas de apoyo psicosocial y jurídico. Durante mi gestión como representante a la Cámara, he promovido la campaña ‘Mente Sana y Mujer Fuerte’, brindando charlas de salud mental junto a psicólogas expertas en diversos municipios de Bolívar.
Además, he propuesto la Ley Huérfanos por Feminicidio para garantizar protección a los hijos e hijas de las víctimas y soy autora de la Ley de Consultorios Psicológicos Comunitarios. Hablar sobre nuestras emociones y denunciar el maltrato debe ir acompañado de rutas de atención accesibles y efectivas, que eviten la revictimización.
La salud mental y la violencia física están profundamente interconectadas. Denunciar no solo es un acto de valentía, sino una forma de cuidar a nosotras mismas y a las generaciones futuras. Romper el ciclo del silencio es sembrar las semillas de un cambio real en nuestra sociedad.

