Columna

El oficio más antiguo del mundo

“En la Edad Media las casas o tabernas que acogían prostitutas eran obligadas a poner en la puerta una rama para que las señoras...”.

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Christian Ayola
12 DIC 2024 - 12:00 AM

En Mesopotamia se han encontrado registros escritos del siglo XVIII a. C. sobre la necesidad de proteger los derechos de las prostitutas. Los historiadores Tucídides y Heródoto hacen referencia a que en Babilonia las mujeres debían acudir, aunque fuese una vez en la vida, como muestra de “hospitalidad”, al templo de Militta para tener relaciones sexuales con un extranjero, a cambio de un pago simbólico. En la antigua Grecia las prostitutas eran obligadas a vestirse de forma distintiva y a pagar impuestos. Posiblemente la hieródula más famosa en la antigüedad fue Eugea, mencionada por Pausanias, historiador griego del siglo II a. C., como la más hermosa, inteligente, sensual y encantadora de todas las siervas de Afrodita en Corintios.

El término ‘meretriz’ era utilizado en Roma para distinguir a las mujeres que se dedicaban al noble oficio de la prostitución, no tenía la connotación estigmatizante actual, debido a que ese oficio era reconocido por la ley; las mujeres que lo ejercían estaban clasificadas según su especialidad durante el acto y según el costo del servicio. En la Edad Media las casas o tabernas que acogían prostitutas eran obligadas a poner en la puerta una rama para que las señoras distinguidas y decentes no se fueran a equivocar ingresando por error, de ahí el nombre de rameras. Es un hecho que a la luz de los derechos humanos se plantea la libertad para ejercerlo, y que en nuestro territorio no es ilegal, pero pocas veces se tiene en cuenta las condiciones de indignidad y abuso sobre las mujeres que se dedican a la prostitución; se plantea que lo hacen por necesidad, lo que mayormente no es cierto. Lo que sí es cierto es que los ingresos percibidos por esa actividad difícilmente podrían ser superados realizando otro oficio; ya sea por falta de preparación, o también por la necesidad de mantener hábitos, compras compulsivas, consumo de alcohol y drogas. En Cartagena de Indias, como en otras ciudades del mundo, los proxenetas y las bandas criminales regentan este oficio, explotan déspotamente a las mujeres que lo ejercen o las instrumentalizan para el delito, aumentando su pérdida de autoestima, conduciéndolas cada vez más a la decadencia física, moral y espiritual.

A dos semanas y media de cumplir el primer año de mandato del alcalde Dumek Turbay, es innegable lo que parecía imposible, me refiero a los logros obtenidos en el control del orden en el Centro Histórico. A futuro se deberá avanzar en la regulación de tan antiguo oficio; emprender con la ayuda del honorable Concejo Distrital un plan de intervención integral para esa población, parodiando a Jesús: “No hay pecadora sin futuro, ni santo que no tenga un pasado”.

*Psiquiatra.

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