La situación del Icetex es francamente indignante. Desde 1950, 5 millones de colombianos han logrado acceder a la universidad gracias a un crédito educativo. Hoy, esta entidad financia a 900.000 mil estudiantes y de su sistema depende todo el equilibrio de la educación superior; de hecho, algunas universidades llegan a depender en un 70% de sus fondos para prestar servicios y formar profesionales. Lo cierto es que la educación superior ha sido una de las mayores frustraciones del Gobierno nacional; el compromiso del presidente de lograr 500.000 cupos en universidades públicas es absolutamente inviable. La UNAL, por ejemplo, centro educativo más grande del país, apenas pudo recibir 6.700.
A pesar de esta realidad, el Gobierno ha sido terco en entender que nuestro sistema de educación es mixto; es decir, depende de la oferta pública y privada, y ambas deben fortalecerse y protegerse. A través del Ministerio de Educación se ha marchitado la educación superior privada; se han eliminado programas de becas y se trasladó a las universidades la carga de pagar los intereses de todos los créditos. Esto pone en riesgo al sistema, pues el colapso de cualquier privada implicaría un aumento en la demanda de servicios educativos que el sector público no está en capacidad de resistir.
Con este artículo, quisiera encender las alertas alrededor del Icetex. Según Ascun, esta institución adeuda más de 430.000 millones de pesos a las universidades privadas, correspondientes a pagos de matrícula que se han dilatado injustificadamente por demoras en los giros del Gobierno nacional, poniendo en jaque los estudios de 200.000 jóvenes universitarios.
A pesar de que el presidente y el ministro de Educación habían sugerido eliminar el Icetex, en los últimos días rectificaron que esa no era su intención. En cambio, anunciaron una propuesta de reforma a la entidad, con el fin de convertirla en un banco. También indicaron que se girarán 197.000 millones (parte de la deuda) y que la responsabilidad por las demoras en los pagos era del PAC del Ministerio de Hacienda. Esta respuesta no tranquiliza, pues siguen sin asegurarse los recursos necesarios. Además, no queda claro si los retrasos se dieron por la negligencia del sector Educación o por la incompetencia de Hacienda –ambos casos son gravísimos–. Finalmente, la propuesta de bancarizar el Icetex implicaría, en la práctica, acabarlo, pues los expertos han señalado que la entidad no tendría la infraestructura ni los recursos para soportar esa transformación. Finalizo reiterando que Colombia tiene un sistema de educación superior mixto con infinitas oportunidades de mejora, pero que debemos reconocer y defender. A eso estamos llamados todos, especialmente, los jóvenes.
