A veces nos llenamos de inmensas decepciones al ver cómo nos imponen obras planificadas y programadas desde entidades estatales del altiplano, cuyos proyectistas no conocen la verdadera configuración de la ciudad ni la idiosincrasia de sus habitantes, lo cual nos hace embarcarnos en proyectos que no van de acuerdo con nuestro desarrollo urbano y todo es aceptado estoicamente por las fuerzas vivas de la ciudad y sus gobernantes de turno, por temor a perder la ejecución de una obra que más tarde nos traerá consecuencias desagradables. Al final nos acostumbramos a verlas como algo natural.
Son muchos los desafueros que se han cometido en esa materia y de los cuales solo los mencionaré sin entrar en los detalles de todos conocidos: a) El Túnel de Crespo y su puente. b) Carretera del Bosque y Avenida Crisanto Luque. c) Proyecto de Transcaribe con todos los recortes de dinero por el Banco Mundial. d) El desastre de la Vía Perimetral, también recortada en diseño y presupuesto por Fonade, etc.
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Me remonto a algo que escribí en este espacio el 27 de junio de 2018: “Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces es necesario recordar los desarrollos notorios de nuestros vecinos los barranquilleros, que en los últimos veinte años se han convertido en una de las ciudades más pujantes de Colombia. Como ejemplo de gestión y compromiso retrotraigo el caso de la Circunvalar de la Prosperidad, de Barranquilla (Malambo - Las Flores), cuya invitación a precalificar, N° VJ-VE-IP-004-2013, abrió la ANI el 6 de febrero de 2013, con 36,7 km de largo, en calzada sencilla por no cumplir con TPD. Bastaron sendas comunicaciones del gobernador del Atlántico y del presidente de la Sociedad de Ingenieros del Atlántico, para que la ANI abriera un proceso nuevo con doble calzada”. Hoy la vía está terminada y en funcionamiento.
En los últimos días, cuando se han producido accidentes con pérdidas de vidas humanas en la vía de acceso a Cartagena, pasando por La Boquilla, retrotraemos la cruzada que adelantamos en la SIAB, en el año 2018, para que el Viaducto del Gran Manglar se construyera en doble calzada y no se desmantelara toda una infraestructura vial ya consolidada. De nada valieron reuniones con la Alcaldía, ANI, Concejo de Cartagena y gremios, para obtener el apoyo necesario a esta gran idea que hoy muestra falencias que irán aumentando con el crecimiento urbanístico de la Zona Norte y el nuevo aeropuerto en Bayunca, que traerán mayor tráfico entrando a Cartagena por una vía que no reúne las condiciones de capacidad ni de seguridad viales. Construir reductores de velocidad son pañitos de agua tibia que en nada resuelven el problema de fondo.