Por ahora, la inteligencia artificial (IA) nos ha impresionado, pero qué tan útil será sigue siendo una pregunta sin respuesta clara. Su potencial es innegable, pero su impacto real solo podrá medirse con el tiempo.
El pasado 13 de octubre, SpaceX consiguió una hazaña sin precedentes: lanzar un cohete Starship con su propulsor reutilizable Super Heavy, que completó su misión y regresó con éxito a la plataforma de lanzamiento. Con este excepcional avance, el costo de poner algo en órbita disminuirá drásticamente -hasta niveles comparables a los envíos internacionales- y podría transformar las comunicaciones, la exploración espacial y la logística orbital. Se trata de un logro impresionante, pero también útil, porque su impacto económico es tangible y medible.
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No obstante, ese no es el caso de OpenAI con el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. Aunque el mundo quedó maravillado con su asombrosa capacidad, más de dos años después aún nos preguntamos cuál será su verdadera utilidad. No es que carezca de potencial, sino que quizá su impacto se ha sobrevalorado. Según The Economist, sus efectos económicos y retornos aún están por verse. Y no es solo una cuestión de costos o complejidad técnica; la adopción de la IA implica cambios profundos en la manera de operar de las empresas. Pero la razón principal es más sencilla: la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, mientras que las empresas se mueven al ritmo de las organizaciones, que es mucho más lento.
Un informe reciente de Deloitte señala que la adopción de IA avanza de manera desigual entre sectores. Las áreas de TI han sido las primeras en implementarla, seguidas por las de ciberseguridad, mercadeo y servicio al cliente. Sin embargo, la adopción generalizada sigue lejos de igualar la velocidad con la que se desarrollan estas tecnologías.
En las últimas semanas, los mercados han tambaleado con la llegada de Deepseek, una IA desarrollada por una compañía hasta ahora poco conocida. No solo compite con los modelos más avanzados, sino que desafía la idea de que se necesita una infraestructura colosal y miles de millones en poder de cómputo para alcanzar ese nivel. Tal vez sea un punto de inflexión o solo una anomalía. Ya William Gibson lo decía: “El futuro está aquí, solo que no está distribuido equitativamente”.
La carrera apenas comienza y, como toda gran promesa tecnológica, la IA aún debe demostrar si transformará la economía o solo alimentará la fascinación; porque lo impresionante capta la atención, pero lo útil cambia el mundo.
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