Columna

La Casa de Tuco y Gelby

“Aniquilar manglares a lo largo de los caños, con la excusa de mejorar la seguridad y evitar la presencia de habitantes de la calle, es absurda e incomprensible…”.

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JESÚS OLIVERO
14 FEB 2025 - 12:00 AM

Tuco y Gelby son pelícanos cuya residencia estaba ubicada en El Laguito, justo al iniciar la tercera avenida de Bocagrande, frente al espejo de agua. Allí, normalmente habitaba el par de aves, pero a veces brindaban espacio, máximo, a uno o dos visitantes, en su árbol casi seco, pero lleno de ramas lo suficientemente fuertes para soportarles el peso y las arremetidas del viento.

Estos intrépidos del aire y la pesca, viajan y tienen faenas de supervivencia entre Bocagrande, el mercado y la ciénaga de la Virgen, sin embargo, regresan a casa a eso de las seis de la tarde. Hace un par de años, seguramente luego de una asamblea de pelícanos llevada a cabo en algún lugar de la ciudad, en donde de alguna forma conocieron sobre la amenaza de un virus mortal que asediaba a las aves, todos los de la especie decidieron marcharse y estuvieron perdidos por lo menos unos tres a cuatro meses. De repente regresaron, y todo empezó a volver a la normalidad.

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Bazurto tiene la palabra

Cartagena es lo que es gracias a su entorno natural, siendo los pelícanos un ícono de esa belleza. No obstante, el diario vivir de estos hermosos animales, más allá de verlos mendigando tripas de peces llenos de parásitos en Bazurto, por lo general pasa desapercibido de nuestro horizonte. Pero esto es una generalización, quizás falsa, conozco a personas que, durante lustros, visitaban a esos plumíferos al menos una vez por semana en El Laguito, donde verlos representaba una señal de alegría y regocijo al detectarlos descansando, una forma de alimentar el espíritu.

Si bien, bajo la lupa de la administración municipal y algunos líderes de barrios, los “cartageneros” tienen derecho a mejores “vistas” de su entorno natural, también es cierto que debemos mostrar respeto hacia espacios ocupados por quienes co-habitan la aldea y son realmente sus dueños. Aniquilar manglares a lo largo de los caños, con la excusa de mejorar la seguridad y evitar la presencia de habitantes de la calle, es absurda e incomprensible desde mi perspectiva ignorante. Pero la arrogancia puede y manda, además del manglar, muchos árboles, incluyendo la casa de Tuco y Gelby, llevaron de la mano de la motosierra. Démosle machete a este árbol sin gracia y lo metemos en el inventario, pensarían los verdugos antes del desafortunado desalojo, hace un poco más de una semana.

¿A dónde dormirán estas aves desplazadas? ¿Qué sucedió con los pericos y las iguanas que alegraban el caño Juan Angola? Si exterminamos todo, especialmente en esta ciudad de excesivos problemas de contaminación y salud mental, sin preocuparnos por las plantas y los animales que conviven en ellas, jamás mejoraremos los indicadores de bienestar social y salud, mucho menos podremos acercarnos al tan comentado, pero siempre burlado, desarrollo sostenible. ¿Cuántos hogares más destruiremos antes de notar que también estamos destruyendo el nuestro?

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