Ad portas de las Olimpiadas de 2024, un periodista le pregunta a la golfista colombiana María José Uribe: “Oye, ¿y no te da duro irte a los Olímpicos y dejar a tus hijas solitas?” Y ella le responde: “Oye, ¿tú alguna vez has oído que le pregunten a Messi si le da duro irse al Mundial y dejar a sus hijos solitos?”.
Por supuesto que ni a Messi, ni a ningún papá les hacen ese tipo de preguntas, porque la narrativa que se ha construido (comenzando por las mismas mujeres) es que los hijos les pertenecen a las mamás; por lo tanto, la carga de responsabilidad es mayoritariamente nuestra. Y de acuerdo a eso, siempre hay una especie de reproche que busca ‘recordarnos’ que, si somos mamás, ese tiene que ser el único rol que debemos desempeñar en la vida; y de no ser así, nos juzgan hasta hacernos sentir culpables. ¿Y saben qué es lo peor?, que efectivamente nos sentimos culpables.
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Memorias efímeras
La mamá de un amigo una vez me preguntó: “¿Y tú eres mamá de tiempo completo o trabajas?”. Yo pensé: “¡O sea!”, y le dije que el hecho de que yo trabajara no significaba que era una mamá part time. En la vida real, las mujeres no solo somos mamás, también trabajamos, tenemos amigas, vemos series de Netflix y también salimos de vez en cuando a tomarnos una copa de vino.
Y ni qué decir cuando somos madres divorciadas; es como si lleváramos una letra escarlata colgada en el pecho. Unas, nos reprochan que debimos aguantar por el bien de los hijos. Otras, si nos ven de viaje, dicen: “El colmo, ella viajando y deja al hijo solo en la casa”. Y si te ven tomándote un café con un amigo: “Increíble que ya tan rápido le va a poner padrastro al hijo...”. Lo curioso es que los padres de esos hijos hacen exactamente las mismas cosas (lo cual es absolutamente válido), pero para ellos nunca existe ese tipo de reproche.
A Shonda Rhimes, una de las mujeres más influyentes y exitosas de Hollywood, creadora, entre otras, de la serie ‘Grey’s Anatomy’, le preguntaron en un programa de televisión, que cómo hacía una mujer exitosa y madre soltera de tres hijas para hacerlo todo. Y ella respondió: “No lo hago todo. Siempre que me vean teniendo éxito en algún área de mi vida, inevitablemente significa que estoy descuidando otra. Si estoy apurada terminando un guion, probablemente me estoy perdiendo el momento de acompañar a mis hijas a dormir y leerles un cuento. Si estoy en casa preparando con ellas los disfraces de Halloween, probablemente estoy atrasada en una escritura que debía haber entregado; y aun así quiero que mis hijas vean en mí una mujer que trabaja, y se sientan orgullosas de mí.”
Por ejemplo, en estos momentos, yo llevo más de tres horas escribiendo esta columna, y mi hijo cada vez que entra al cuarto me pregunta: “¿Mamá, cuándo vas a terminar?”. Y sé que su pregunta es una forma de reclamar mi atención en algo que me estoy perdiendo con él; pero el día que esta columna salga publicada, él viene corriendo con El Universal en la mano y me dice: “¡Mamá, mira, salió tu columna en el periódico!”. Y sé que eso lo hace sentirse orgulloso de mí. Entonces comprendo lo que dice Shonda; no podemos sentirnos culpables por no hacerlo todo, porque no estamos llamadas a ser mamás perfectas, sino a ser mujeres felices y realizadas, pues es la única forma de que podamos criar hijos felices y realizados.