Columna

Advertencias de un futuro distópico

“¿Qué debería asombrarnos más: la humanización de las máquinas o la deshumanización del ser? Recientemente se puso a prueba...”.

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Gonzalo J. García
09 MAR 2025 - 12:00 AM

Hace pocos años se presentó Optimus —un robot humanoide—, una de las más importantes promesas de Tesla. Su avanzada motricidad causó asombro por tratarse de una máquina. Con frecuencia Musk celebra los avances de Optimus. La última vez fue el Día de San Valentín, mientras el robot entregaba un gran ramo de flores.

La inteligencia artificial y la inteligencia organoide libran una carrera de fondo y de velocidad. La que parece dar pasos hacia atrás, a pasos de gigante, es la formación en humanismo. ¿Qué debería asombrarnos más: la humanización de las máquinas o la deshumanización del ser?

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No hemos cambiado

Recientemente se puso a prueba, con bastante aceptación, una IA con capacidad para escuchar en confesión a una feligresía. También se está utilizando en procesos penales, con ciertas limitaciones, analizando por ejemplo grandes cantidades de datos y evidencia.

En el siglo XX autores como H.G. Wells y G. Orwell dibujaron en obras literarias, con argumentos disímiles, sociedades futuristas distópicas. El destacado inventor y futurista R. Kurzweil, quien goza del prestigio de predictor acertado del futuro, propone que la IA y la biotecnología podrían potenciar espectacularmente nuestra esperanza de vida solucionando problemas relacionados con el envejecimiento, que ya empieza a ser visto como una enfermedad y no como un evento fisiológico. Según él, la vida humana podría extenderse a mil años manteniendo órganos saludables indefinidamente, pero al mismo tiempo se trabaja en la creación de máquinas similares al ser humano para asignarle tareas que en otras épocas correspondían a la humanidad.

Por otra parte, Silicon Valley se apoya en teorías filosóficas como el Tecnofeudalismo expuestas por «pensadores» como Yuval Noah Harari y Yanis Varoufakis. En ese mismo horizonte se elevan la Ilustración Oscura —hija bastarda y peligrosa de una exegesis floja e hipócrita del humanismo ilustrado— y los neoreaccionarios —individuos con ideas nacidas del descrédito de las democracias y de sus fallas en los compromisos de las instituciones tradicionales con el pueblo— con figuras como Curtis Yarvin y Nick Land ejerciendo una ideología producto de una mezcla de informática y filosofía; en general, florecen en la crisis actual del humanismo que se basa en su tergiversación hipócrita, el relativismo moral, la expectación pasiva de grandes líderes, la falta de atención a los relevos generacionales…, como quien dice «el que venga detrás que arree». Pretenden el posicionamiento máximo de la tecnología con fines económicos y de poder, desplazando todo lo que huela a humanismo.

No a corto plazo, sino en dos siglos, quedará una humanidad reducida, formada —esta sí— en humanidades, que dirigirá el mundo a través de seres híbridos, porque en definitiva no será posible que funcionen sin diseño y programación humana. En resumen, la sociedad funcionará latigada por la tecnología y la economía; las fuerzas laborales en manos de humanoides y una minúscula humanidad que gobierne a través del poder de grandes empresas. El ser humano habrá incidido, como nunca antes, de manera activa y voluntaria, en su propia evolución, irguiéndose a las puertas del Antropoceno. O para tranquilidad de los escépticos, este punto de inflexión sea una muestra más de los ciclos de los eternos retornos como la moda donde el humanismo nunca podrá ser alcanzado, y menos sobrepasado, por la IA o la IO.

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