Columna

Disonancia y uso de fuerza letal

“No hay cultivo ni negocio que sustituya al rendimiento financiero que deja el maldito negocio del narcotráfico...”.

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Christian Ayola
13 MAR 2025 - 12:00 AM

Durante los días posteriores a la segunda invasión americana de Irak, un puñado de soldados se encaminó hacia una mezquita para contactar al imán, con la intención de conseguir apoyo para el abastecimiento de la tropa. La multitud, temerosa de que los soldados fueran a arrestar al imán, no tardó en congregarse, y centenares de musulmanes devotos rodearon a los soldados gritando y levantando los puños, mientras agresivamente se acercaban al pelotón, armado hasta los dientes. La orden lógica hubiese sido: ¡Fuego a discreción!

“El teniente coronel Christopher Hughes, oficial al mando de la operación, por megáfono, se dirigió a los soldados, y ordenó: ¡Rodilla en tierra! Luego les invitó a dirigir hacia el suelo el cañón de sus fusiles y, por último, les gritó: ¡Sonrían! En ese mismo instante, el estado de ánimo de la muchedumbre experimentó un cambio”, comenzaron a reír a carcajadas”. Daniel Goleman, Inteligencia Social, 2006.

Si un caso similar ocurriese en Colombia, y la tropa utilizara dicha estrategia, probablemente saldría mal librada. Pero cuál es la diferencia entre una multitud de musulmanes proverbialmente fundamentalistas, fanáticos, extremistas, y los grupos criminales de nuestra nación? La respuesta es obvia: ¡La cocaína!

Las propuestas del Gobierno formuladas para resolver el problema en el Catatumbo y extendidas hoy al cañón del Micay, apostaría doble contra sencillo que no tendrán un resultado diferente a que los narcotraficantes se fortalezcan. ¿Qué lógica nos lleva a pensar en ese desenlace? Además de la experiencia, una muy elemental: no hay cultivo ni negocio que sustituya al rendimiento financiero que deja el maldito negocio del narcotráfico.

Existe una comunicación doble vincular, emitida por el presidente Petro: “La cocaína no es más mala que el whisky”. “La guerra contra las drogas es un fracaso”. “Se deberían legalizar estas sustancias”. Según él, la legalización a nivel mundial podría ser una medida efectiva para reducir la violencia y generar recursos económicos para programas sociales.

Las contradicciones entre los deseos del presidente y las obligadas acciones para restituir el orden y garantizar la convivencia estructuran una disonancia cognitiva que confunde a los diferentes actores y refuerza acciones adversas como las de El Plateado. Una comunidad sensibilizada por ese tipo de afirmaciones es fácilmente instrumentalizable por las fuerzas criminales, para masivamente oponerse o atacar a las fuerzas legítimas del orden, campesinos cocaleros o no, en su mayoría resultan forzados a apoyar a los líderes de la asonada.

El ministro del Interior y el de Defensa, ambos con experiencias diferenciadas frente al tema, y además, responsables de la solución por estar al alcance de sus competencias, deberían llamar al orden al presidente, y por razones de conveniencia, sugerir respetuosamente que modere su discurso al respecto.

*Psiquiatra.

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