Columna

Betamax

“El betamax era un formato de video analógico, cuyo contenido venía en casetes. Eso posibilitó traer el cine a casa. No era un tema menor...”.

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RICARDO CHICA GELIS
17 MAR 2025 - 12:00 AM

En 1979 estudiaba primero de bachillerato en el Colegio Fernández Baena y un mediodía de viernes me hice la leva con varios amigos para llegar al patio de la familia Luján. Marlon Luján no solo era compañero de pupitre, también éramos público asiduo del Cine Míriam, del barrio Bosque. Allí vimos muchas películas hongkonesas de espadachines medievales, karatecas urbanos y películas mexicanas de lucha libre.

En aquel patio había un improvisado gimnasio que servía para adquirir la disciplina Shaolin, ser audaces como Santo ‘El enmascarado de plata’ y aprender la elegancia marcial del karateca negro James Milton Kelly. Entre pesas, sillas, barras y soportes disponibles para moldear nuestro cuerpo a la luz de aquellos modelos de virtud, sabiduría y temple, destacaban los ‘chacos’. Se trataba de dos palos cilíndricos de 30 centímetros de largo, unidos por una cadena firme y delgada. Nunca le perdimos pista a Bruce Lee en el uso invencible de los ‘chacos’. Todos queríamos ser como él.

Un buen día llegué a casa de los Luján y todos estaban sentados frente a un televisor a colores (gran novedad de la época), conectado a un betamax. Aún recuerdo mi asombro ante semejante prodigio. En aquella pantalla tan pequeña estaba el mismísimo Bruce Lee en duelo a muerte contra Chuck Norris en el Coliseo de Roma, en ‘El Regreso del Dragón’, después de haberlos visto tantas veces en la gran pantalla del Cine Míriam.

El betamax era un formato de video analógico, cuyo contenido venía en casetes, los cuáles conocíamos también como ‘cartuchos’. Eso posibilitó traer el cine a casa. No era un tema menor. Podíamos seguir cuadro a cuadro los movimientos dragonezcos de nuestro máximo maestro. Si ponemos al cine en el centro de la experiencia social, podemos conocer cómo cambia nuestra cultura visual y nuestra percepción del mundo. Allí entran en juego aspectos como la economía del cine, su tecnología, las actualizaciones estéticas y el vuelco de las costumbres.

Se pasó de la venta de boletas al alquiler de películas; se pasó de la sala de cine a la intimidad de la alcoba; se pasó del bochinche en el Cine Míriam a comprar televisores y betamax de contrabando en San Andresito. Se pasó de la maduración barrial en el cine al crecimiento grupal en el ámbito familiar; y más allá supimos en el curso de primero de bachillerato, que se podían alquilar películas de plebedad y no exponerse a que te gritaran ‘pajizo’ cada vez que te levantabas de la butaca.

Con el betamax se ampliaron los títulos de cartelera con producciones de televisión. Se podían conseguir las series completas de ‘El hombre biónico’, ‘Hulk’ y las temporadas musicales de MTV. Hasta que un día apareció Michael Jackson. Esa es otra historia, mientras tanto cogí bastante golpe. Jamás pude dominar los ‘chacos’.

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