Columna

Ciudadanos del mundo

“Formar ciudadanos del mundo va más allá de enseñar mapas, se debe enseñar a mirar, a escuchar, a narrar con responsabilidad. A conversar”.

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Javier Ramos Zambrano
20 ABR 2025 - 03:50 AM

Un día soleado, Alejandro Magno se acercó al filósofo Diógenes de Sinope y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes, sin inmutarse, respondió: “Sí, puedes dejar de taparme el sol”. Así pensaba el hombre que, siglos antes de que la globalización tuviera nombre, se proclamó “ciudadano del mundo”.

Este episodio, más que una anécdota provocadora, nos invita a imaginar una ciudadanía que trasciende fronteras, dogmas y egos. Una ciudadanía basada no en la conquista, sino en la convivencia. No en el poder, sino en la palabra.

Esa fue, precisamente, la idea central de la Cátedra Inaugural 2025 de la Universidad Tecnológica de Bolívar: ‘Formando ciudadanos del mundo’.

El rector Alberto Roa Varelo abrió el evento con una reflexión: “No podemos avanzar si se nos escapa el concepto de lo humano”. En un mundo saturado de información, pero carente de escucha; digitalmente conectado, pero emocionalmente aislado, la universidad tiene el deber de promover el diálogo como vía para entender al otro..., y para entendernos.

Luego intervino Sergio Escobar, cónsul honorario de Brasil y director de Medellín Global - Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos. Habló de liderazgo compartido, del valor de los mentores, de conectar proyectos académicos con realidades globales, y de formar estudiantes con capacidad transformadora.

Formar ciudadanos del mundo exige una visión ética, crítica y sensible. No basta con lo técnico: se necesita una educación donde la Comunicación sea el eje, porque sin diálogo no hay ciudadanía, sin escucha no hay comunidad, sin lenguaje no hay mundo compartido.

El filósofo Kwame Anthony Appiah, en su libro ‘Cosmopolitismo’, retoma el pensamiento de Diógenes para recordarnos que ser ciudadano del mundo implica preocuparnos por todos los seres humanos, más allá de nuestras fronteras. Significa aprender del otro, compartir lo que sabemos y asumir el diálogo como fundamento de la vida ética.

Hoy, a diferencia del mundo de Diógenes, vivimos conectados en una red global. Podemos enviar una idea, una vacuna, una historia..., o también un prejuicio o una mentira. Por eso formar ciudadanos del mundo va más allá de enseñar mapas, se debe enseñar a mirar, a escuchar, a narrar con responsabilidad. A conversar.

La educación universitaria tiene el reto de cultivar ese espíritu. No solo para que nuestros estudiantes viajen o trabajen en entornos internacionales, también para que se conviertan en agentes de cambio donde estén.

En esa tarea, la UTB reafirma su compromiso institucional. Su sello -Formamos Ciudadanos Líderes Transformadores- articula liderazgo empático, transformación, tecnología y comunicación intercultural; porque formar ciudadanos del mundo comienza por escuchar, dialogar y actuar desde nuestro territorio. Y ahí, la Comunicación es el canal donde se construye, se conecta y se transforma.

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