Columna

Ron Matusalén

“ Será el único bohemio cartagenero que podrá brindar con Ron Matusalén, y con un solo trago, ser bendecido con una vida de 969 años…”.

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Willy Martínez
28 MAY 2025 - 12:00 AM

Ahora que nuestra querida y admirada Cenelia Alcázar cumplió 90 años, tuve la fortuna de asistir a un desayuno en su honor, brindado por Gabi Arenas, Boris García y Alberto Llamas, del grupo Gela. El Restaurante Candé estaba de gala y al escuchar la voz de Cenelia, el bolero llenó de amor cada rincón de aquel lugar. Algo pasó pero sin libreto y extasiados por el encanto de Cenelia surgió una bohemia en la que ella cantó: “Noches de Cartagena”. El día se hizo noche y la noche se hizo mañana, porque el sol y la luna frente a nosotros se besaban. Los vimos enamorados, andar juntos por el cielo de San Diego y en lo alto de la Serrezuela como novios se abrazaban. Tenía que ser así, si Cenelia al sol y a la luna les cantaba.

Disfruté la grata compañía de Nicolás Pareja, Niurka Rigñack y Sacra Náder. Bastó escuchar a Boris, al escritor Eduardo García y al cantante Olano, cuando Sebastián Herrera estrechaba la mano de Raimundo Angulo, que con su guayabera me recordó a Rafa Martínez, diciéndole a una linda mujer caribe: “Te invito a convertir mi guayabera en la más bella vela de nuestra balsa de náufragos enamorados y así vivamos, de isla en isla, nuestro demente amor”. Hicimos honor a la sabrosura de nuestra Cartagena de Indias. Nicolás Pareja no solo nos sorprendió cantando, sino que hablando de rones del Caribe, hicimos un recorrido desde Surinam y Guyana, siguiendo por el continente hasta Yucatán. Revisamos los rones de cada isla. Les conté él, a Niurka y a Sacra que tengo una colección de rones del Caribe, entre ellos una botella de Ron Matusalén, hecha en Santiago de Cuba antes de la revolución. Yo calculo que es de 1945, tiene la dirección de la fábrica: Ronera Matusalem, Garzón #357 Santiago de Cuba.

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Nicolás se la ganó por cantar “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero, decisión del jurado compuesto por Sacra y Niurka.

Con gusto se la entregaré. Será el único bohemio cartagenero que podrá brindar con Ron Matusalén, y con un solo trago, ser bendecido con una vida de 969 años y un harén de 300 jevas. “Sino lo mata una guagua”, dirían las jineteras Lola Cruz y Marilú Malaver, cruzadas de piernas en el Malecón, oyendo música de Miami y pescando turistas con la atarraya de sus encantos.

Espero que administre bien esa botella. Es una tentación para sus amigos, que estarán cazando un trago. Pensar que la he guardado por más de cuarenta y cinco años, de los ochenta que cumplió, al salir de la fábrica en Santiago de Cuba por la calle Garzón, muchos años antes de la revolución.

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