Columna

El futuro es de los centauros

“The Economist lo resume: la IA no ha reemplazado a los trabajadores, pero sí ha elevado notablemente a quienesa...”.

Compartir
Andrés Marrugo Hernández
13 JUN 2025 - 12:00 AM

La inteligencia artificial (IA) no va a quitarnos el trabajo de un día para otro; pero sí está cambiando, de forma silenciosa y profunda, lo que significa trabajar.

Durante siglos, lo que nos ha hecho avanzar como sociedad no ha sido solo la inteligencia individual, sino el andamiaje que construimos entre todos: lenguajes, saberes, herramientas. Nadie construye un satélite en solitario ni desarrolla una vacuna desde cero. Nos apoyamos en lo que otros hicieron antes. Hoy, la IA se ha convertido en una nueva capa de ese andamiaje. Y, como toda transformación estructural, exige adaptación. Frente a este cambio, hay dos actitudes posibles: la que se encierra en la sospecha o el miedo, y la que se abre a la posibilidad. La curiosidad es una mejor brújula que el cinismo-porque cambia el foco de defender lo conocido hacia explorar lo que es posible. Y, en este nuevo territorio, necesitamos nuevas formas de caminar.

Te puede interesar:

Bolívar decide su futuro

En ‘Zero to One’, Peter Thiel popularizó la figura del centauro como símbolo de la colaboración entre humanos y máquinas: personas que combinan su intuición, juicio y creatividad con la capacidad de procesamiento de la IA. Este modelo no solo es posible, sino cada vez más común. Profesionales que aprenden a trabajar con herramientas inteligentes están logrando más en menos tiempo. Y eso está empezando a marcar una diferencia real en productividad, calidad y velocidad.

The Economist lo resume con claridad: la IA no ha reemplazado a los trabajadores, pero sí ha elevado notablemente a quienes la dominan. La brecha no es entre humanos y máquinas, sino entre humanos que saben trabajar con máquinas y los que aún no lo hacen.

Al mismo tiempo, emergen agentes: sistemas autónomos capaces de responder correos, redactar informes o gestionar procesos simples. No están diseñados para reemplazar a todos, pero sí para asumir funciones concretas sin intervención humana constante. Se trata de un claro indicio del nuevo paisaje laboral.

En este contexto, formarse para ser centauro -es decir, aprender a pensar con la máquina sin perder lo humano- no es un lujo sino una forma de permanecer en el juego. La alfabetización del presente no es solo digital; es adaptativa, crítica y estratégica. Se trata de entender cómo construir, decidir y crear con estas nuevas herramientas, sin quedar al margen.

La inteligencia artificial, lejos de romper el andamiaje social, lo expande. Pero no lo hace sola. Quienes aprendan a construir con ella seguirán empujando los límites de lo posible. Los demás, tarde o temprano, trabajarán sobre estructuras que ya no comprenden. Y esa diferencia marcará, más que la tecnología misma, el mundo que vendrá.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad