Lo adictos recuperados dicen que la enfermedad tiene solo dos etapas: la primera, cuando el adicto cree erróneamente que controla la droga y la segunda, cuando se da cuenta de que la droga siempre lo ha controlado a él. El problema se centra en el paso natural, del consumo habitual funcional, al consumo habitual disfuncional, es decir, cuando el adicto se convierte en social, laboral o familiarmente problemático.
La adicción es una enfermedad incurable, pero, igual que la hipertensión arterial, la diabetes y otras enfermedades crónicas, resulta tratable, siempre y cuando el adicto se reconozca como tal, inicie un tratamiento, permanezca en él, y se comprometa consigo mismo a no consumir, puede que inicialmente falle en su propósito, pero progresivamente irá tomando mayor conciencia y retomando el control de su vida.
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El ministro del Interior, Armando Benedetti, admitió públicamente su propia lucha contra la adicción a las drogas y al alcohol. Aunque prematuramente para ser creíble del todo, se le abonan las buenas intenciones; Benedetti ha señalado que la rehabilitación ha transformado su vida, permitiéndole mejorar sus relaciones familiares y personales.
Los señalamientos sobre la supuesta adicción del presidente han generado un preocupante debate. Según el excanciller Álvaro Leyva, Petro habría mostrado signos de adicción durante una visita oficial a Francia en junio del 2023. Previamente, la periodista María Jimena Duzán, cariñosamente, en una carta, se lo había señalado.
La adicción a las drogas puede tener efectos en el juicio y raciocinio de una persona, especialmente si ocupa posiciones de liderazgo, como ser jefe de Estado. El consumo de sustancias psicoactivas impacta en la elaboración del juicio de realidad, alterando la capacidad de evaluar situaciones de manera objetiva, tomar decisiones racionales y considerar las consecuencias a largo plazo. El consumo se relaciona con desajustes mentales, como ansiedad, depresión, y cuando es grave, el adicto puede incurrir en fugas geográficas, incumplimiento de obligaciones, y llegar a presentar síntomas psicóticos.
El uso prolongado de drogas puede afectar funciones como la memoria, la concentración y la capacidad de resolver problemas, causando deterioro cognitivo en el largo plazo, en un líder, esto puede traducirse en una disminución de la eficacia para el manejo de crisis institucionales, debilitando su capacidad para liderar y generar consenso. La adicción puede dañar su imagen pública, afectando la confianza de los ciudadanos y aliados políticos.
En algunos casos, la adicción puede hacer que un líder sea más susceptible a la corrupción por influencia indebida, lo que comprometería la integridad de su gobierno. Estos efectos no solo tienen implicaciones personales para el líder, sino que también impactan la estabilidad política y la confianza en las instituciones, pero, sobre todo, perjudican la imagen internacional de un país.
*Psiquiatra.