Columna

Francia, la pobrecita

“Solo gustó hasta que habló más de la cuenta y su ‘par’ le cortó el chorro, por lo que ahora denuncia que la tratan de traidora...”.

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Soqui Rodríguez
09 AGO 2025 - 12:00 AM

Creo haber usado en esta columna una frase que me dijeron hace mucho tiempo y que se me ha convertido en una advertencia para ver con quién me junto en mi vida cotidiana: “El que se casa con el diablo vive en el infierno”. Hoy nuevamente la traigo a colación porque tengo en la cabeza el nuevo papel de víctima de Francia Márquez, que tantas vueltas ha dado en los medios de comunicación. Su historia es el resultado de un matrimonio por interés que, ahora que llega a su final, estorba y hace que los cónyuges se saquen los trapitos al aire.

En un principio, cuando el candidato Petro la invitó a ser su fórmula vicepresidencial, sabíamos que estaba movido por la conveniencia que producían los votos de esta lideresa social afrocolombiana originaria del corregimiento de La Toma, Cauca. Nunca la había determinado ni mirado a los ojos. El ascenso a la política de la señora Márquez había comenzado. Francia, según su propia descripción, era la primera mujer “negra, afrodescendiente, oriunda de las regiones más empobrecidas” que sacó unos históricos 783.000 votos en la consulta del Pacto Histórico.

Petro no podía dejar pasar esta oportunidad y le hizo la propuesta que cambiaría su vida. Ella solo pensó en el orgullo personal que sentía y los beneficios que eso traía. Rápido se acostumbró a los desplazamientos internacionales y a andar en helicóptero. Realizó mas de un viaje a África con grandes delegaciones que incluían amigos y hasta su pareja sentimental. La vice, toda empoderada con su alianza, contestaba “sobradita” a los periodistas que cuestionaban su buena vida: “Si no les gusta, de malas”. “Voy a viajar en helicóptero, les guste o no a las élites colombianas. Yo soy la vicepresidenta de este país”.

Aun en las mieles del contraído matrimonio político, le crearon un ministerio y le pusieron un presupuesto para que hiciera lo que le diera la gana. Como el marido clásico, Petro mantenía a su pareja feliz para que no se metiera en su vida. Nadie hablaba ni de su color ni de su género. Ella hacía lo que le daba la gana y disfrutaba de su posición. Esta solo gustó hasta que habló más de la cuenta y su “par” le cortó el chorro, por lo que ahora denuncia que la tratan de traidora, torpe e incapaz, pero Francia asegura que no está para quedarse callada y saca su color como excusa. Según ella, le exigieron ser sumisa y no pudo más; decidió hablar desde el dolor, el cansancio y el desgaste. Esto, aun cuando suena conmovedor, es un chiste. Petro la desconocía cuando la nombró su fórmula vicepresidencial. No eran amigos. Era una ficha para ganar la partida y ella se cegó por el romanticismo y el poder. No es una víctima, es una aprovechada que no renuncia porque está enamorada del cargo y los privilegios.

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