Columna

Guerra con el Perú

“La escalada verbal de Petro carece de sentido, el Tratado de Río de Janeiro de 1934 creó una instancia de concertación...”.

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Christian Ayola
21 AGO 2025 - 12:00 AM

El texto del tratado Salomón–Lozano fue suscrito el 24 de marzo de 1922 bajo estricto secreto. En Perú permaneció oculto hasta 1927, cuando el Congreso lo aprobó sin mayor discusión. Colombia obtuvo más de 100.000 km² de la Amazonía peruana, comprendidos entre los ríos Caquetá y Putumayo, incluida la ciudad de Leticia, mientras que Perú recibió el Triángulo San Miguel–Sucumbíos, 1.500 km² territorio que Ecuador había cedido a Colombia años antes. La permuta, acordada sin informar a las poblaciones afectadas, alimentó la percepción en Perú que era un trueque desfavorable para su país.

El secretismo erosionó la confianza de los colonos, quienes se sintieron traicionados, circunstancia que contribuyó a que un grupo de civiles peruanos armados, avivados por sectores de su gobierno, tomaran Leticia en septiembre de 1932, ocupación que obligó a ambos países a movilizar tropas: Perú envió 1.200 hombres y Colombia respondió desde Bogotá con un despliegue rápido de 800 soldados. Bajas totales, Colombia: 129 muertos. Perú: 157 muertos. Una comisión internacional garantizó la devolución de Leticia a Colombia, según los términos del Protocolo de Río de Janeiro firmado ese mismo año.

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El presidente Petro ha acusado al Perú de “copar” la isla Santa Rosa, y cualificó una visita suya como un acto de guerra, argumentando que la ocupación de esta isla viola el Protocolo de Río de Janeiro y pondría en riesgo el acceso colombiano al Amazonas. La escalada verbal de Petro carece de sentido, el Tratado de Río de Janeiro de 1934 creó una instancia de concertación bilateral para resolver la aparición de nuevas islas.

Para ese menester existen los tratados y la diplomacia, ¿pero qué podemos esperar, si 45 nombramientos diplomáticos de este gobierno han sido anulados por jueces de la República, debido a que los nominados no dominan la lengua inglesa, no tienen formación académica o récord en la carrera diplomática? La intención parece clara, igual que en otros de sus dramatismos, levantar polvareda para tapar escándalos y pobres resultados de tres años de gobierno; en este caso, explotando sentimientos nacionalistas-patrióticos; mas no quisiéramos pensar que se trata de una estrategia para perpetuarse en la silla.

Con su retórica belicista cae en la incoherencia, no importa qué tanto nos acerque a una guerra con el hermano país que, de hecho, en este momento, sería incierto ganarla, especialmente por el desmantelamiento al que ha sometido a nuestras Fuerzas Armadas. Pero estamos pasando a la etapa de bravuconadas tontas, dando respaldo a Maduro que tiene cartel de “Se busca”. Mientras, el patético precandidato Daniel Quintero intenta acaparar atención con un histriónico acto que nos dice cual será su política exterior con los vecinos, si llegara a ser presidente.

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