Columna

La apropiación de lo público

“Estos comportamientos están asociados a la baja percepción de nuestros derechos, la ruptura de como se asume lo público...”.

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RAÚL PANIAGUA BEDOYA
25 AGO 2025 - 12:00 AM

Una de las consecuencias de los procesos de discriminación y exclusión que padeció la ciudad durante más de tres siglos y algunas de cuyas manifestaciones se han ido perpetuando, actuando como un lastre que nos impide navegar con velocidad, es la baja percepción que tenemos como ciudadanos con derechos, pero en especial con responsabilidades y obligaciones. Uno de los campos donde opera ese desgreño, ese desinterés o desprecio por lo público es en el de los bienes colectivos, de aquellos que con mayor o menor premura se han ido construyendo y que podríamos resumir con las palabras de capital social o comunitario.

Hay una difundida idea de que los bienes, espacios y capital público no son nuestros o son de nadie y muchos llegan a pensar que esos bienes son de los políticos y por lo tanto solo a ellos les compete su construcción, cuidado y disfrute. Grandes grupos de población piensan y actúan con enorme indiferencia por todo aquello relacionado con sus condiciones de vida, que son a su vez elementos asociados con los bienes públicos como vías, parques, andenes, zonas verdes, paseos peatonales, incluso escenarios para el deporte, la recreación y la cultura. Esa percepción lleva, al menos, a tres tipos de comportamientos. El primero es el de sentirse totalmente ajenos al disfrute y por lo tanto a la protección de dichos bienes, lo que en la práctica se traduce en actitudes que tienden a destruir o arrasar con lo que las instituciones públicas y privadas van construyendo. El segundo es pensar que esos bienes o instalaciones solo les sirven a unos pocos y ellos no se incluyen dentro de los beneficiarios, pues nunca se han asumido como merecedores o con derechos al disfrute de dichos bienes. La consecuencia, unos comportamientos similares, que resultan dejando esos bienes a reducidos grupos que se comportan y expresan como enemigos de las comunidades y por lo tanto indiferentes al uso colectivo de los mismos. El tercer tipo de comportamiento lleva a pensar que esos bienes son para los demás, para los otros y así con ese imaginario piensa la mayoría y la consecuencia es que nadie se apropia ni a nadie le importa lo que se va realizando.

Estos comportamientos, que se van reproduciendo en forma natural, están asociados con la baja percepción de nuestros derechos colectivos, la ruptura en las formas como desde los hogares se asume la apropiación de lo público, la baja incidencia desde las instituciones educativas y las débiles organizaciones comunitarias que tenemos; pero tal vez lo peor y lo que acrecienta esta pobre apropiación social y colectiva de lo público es la baja y dispersa acción desde instituciones oficiales que sí están haciendo e incidiendo, pero casi siempre a espaldas o ajenas a las comunidades. Mientras desde la planeación, el diseño y construcción no se involucre a las comunidades beneficiarias, estas seguirán indiferentes a lo que para ellas se construye.

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