Columna

Una calamidad fílmica

“La película ‘Los Aventureros’, cuya parte final será rodada en Cartagena, obtendrá los servicios de extras locales, con 90% blancos y solo 10% negros”.

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RICARDO CHICA GELIS
01 SEPT 2025 - 06:17 AM

El 10 de octubre de 1968 el Diario de la Costa confirmó el rodaje de dos películas. Apareció cierta euforia colectiva que despertaba de su modorra al viejo puerto colonial, que apenas comenzaba a instalar el alcantarillado. Se trataba de ‘Los Aventureros’ (1970) y ‘Quemada’ (1969). ‘Los Aventureros’ trajo actores que el público local había visto en las pantallas: Charles Aznavour, Ernest Borgnine, Olivia de Havilland y Fernando Rey. La película narra un levantamiento popular en un país suramericano; aunque, fue destrozada por la crítica mundial, resultó un éxito de taquilla, contribuyó a la promoción turística y presentó una imagen exótica de los negros y mulatos que actúan como extras y que la prensa registró con cierta sorna de sugestión racista y excluyente:

“Motivo sensacional para los que se ilusionan: la película ‘Los Aventureros’, cuya parte final será rodada en Cartagena en fecha próxima, obtendrá los servicios de extras locales, con el porcentaje siguiente racial: 90 por ciento blancos y solo un 10 por ciento de raza negra” (Diario de la Costa, 4 de enero de 1969).

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Había una aspiración generalizada por aparecer en el cine y convertirse en una gran estrella, lo que tendría que ver con la emergencia de los primeros actores negros en papeles estelares en las películas industriales, y principalmente, con la escogencia del palenquero Evaristo Márquez para actuar junto con la primera estrella mundial, Marlon Brando, en ‘Quemada’.

El 6 de enero de 1971, Florentino Del Castillo anunciaba en el Diario de la Costa, el estreno de ‘Los Aventureros’ en el Circo Teatro del barrio de San Diego y en el Cine Miramar del barrio Pie de La Popa; la expectativa de ese día consistía en verificar la identidad de los extras que fueron contratados para la película.

El crítico Alberto Sierra se refirió a la calidad fílmica de ‘Los Aventureros’ y a la imagen urbana y patrimonial de Cartagena y Colombia, no obstante que la fotografía estuvo a cargo del maestro Claude Renoir: “‘Los Aventureros’ es una siniestra película, ignominiosa desde todo punto de vista. Burda, pornográfica, grosera, mal intencionada. Gilbert demuestra en forma penosa para el espectador que ni siquiera es un turista, sino otro bandolero más que asalta el bello paisaje y pueblo de Colombia, produciendo una de las peores películas de los últimos años. Un ultraje al espectador que sale deprimido después de ver semejante adefesio” (Diario de la Costa, 14 de enero de 1971).

Alberto Sierra advierte la calamidad fílmica de ‘Los Aventureros’ en su maltrato a la imagen patrimonial, urbana, cultural, paisajística y humana de la ciudad, donde la gente es menos importante que la muralla de piedra caliente y orinada.

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