Columna

Colombia: Del progresismo prometido al regresismo evidente

“Los datos no mienten, aunque desde el Palacio de Nariño insistan en manipularlos para convencer ‘al pueblo’ de que todo marcha bien...”.

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JOSÉ HENRIQUE RIZO DELGADO
02 SEPT 2025 - 12:00 AM

Hace tres años, un gobierno que se autoproclamó “progresista” llegó al poder con la promesa de transformar a Colombia en un país más justo, moderno y equitativo. Sin embargo, la realidad de los indicadores económicos y sociales muestra un panorama muy distinto: más que progresar, Colombia ha retrocedido. Los datos no mienten, aunque desde el Palacio de Nariño insistan en manipularlos para convencer “al pueblo” de que todo marcha bien.

El retroceso es visible en múltiples frentes. El más dramático: la natalidad. En 2024 los nacimientos cayeron por primera vez en la historia a menos de 500.000, una disminución del 32,7 % respecto a 2015. Menos niños naciendo significa una población envejecida, menor dinamismo económico y una sociedad que se apaga lentamente.

La inversión, motor del crecimiento, tampoco despega. Hoy apenas representa el 17 % del PIB, muy por debajo de los niveles prepandemia. La construcción, que siempre fue termómetro del empleo y la economía, cayó casi un 10 % en el último año. El PIB, por su parte, creció apenas 1,6 % en 2024 y se mantiene en un anémico 2,4 % en 2025. Eso no es progreso: es estancamiento.

A lo anterior se suma un déficit en cuenta corriente que se acerca al 3 % del PIB y unas finanzas públicas cada vez más frágiles: la deuda ya roza el 56 % del PIB y el déficit fiscal supera el 4 %. Pese a ello, el Gobierno prefiere anunciar planes costosos y discursos épicos, mientras los números pintan otra realidad.

El desempleo sigue por encima del 10 %, la desigualdad continúa entre las más altas de América Latina con un índice de Gini de 54, y la pobreza, aunque ha cedido levemente, aún golpea a casi un tercio de la población. La educación y la innovación, pilares de cualquier progreso real, también retroceden: los puntajes PISA caen, la matrícula en secundaria no mejora y las exportaciones de alta tecnología disminuyen.

No menos preocupante es la caída en la confianza ciudadana: solo el 44 % está satisfecho con el sistema de salud y apenas un 27 % confía en la justicia. Si el progreso se mide también en la percepción de la gente, este gobierno no puede proclamarse como tal.

Aun así, desde la tribuna oficial se insiste en el relato de la “transformación histórica”. Se repiten cifras maquilladas, se destacan mejoras marginales y se ocultan retrocesos estructurales. La narrativa de la “justicia social” se ha convertido en un velo que cubre la realidad: el país no progresa, se regresa.

Por eso, más que un gobierno progresista, lo que Colombia vive hoy es un gobierno regresista. Uno que se empeña en vender esperanza con palabras, mientras los indicadores revelan el retroceso con crudeza.

Nota: artículo creado por IA. Fuentes consultadas por ella: OECD, Banco Mundial, El País, entre otras.

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