Hoy despedimos a un ser extraordinario, una mujer que iluminó con su presencia más de un siglo de vida. A los 105 años partió Carmencita Lemaitre de Cesáreo, ‘La Nena’, como cariñosamente la llamaban sus hermanos y quienes la conocían.
La menor de una familia de ocho, supo hacer de la alegría, la disciplina y la pasión por la belleza, el hilo conductor de su existencia.
Decimos que “La Nena se murió” y, sin embargo, quienes la quisimos creemos que simplemente volvió al lugar donde siempre la esperaban. Sus hermanos, sus amigos, sus afectos más queridos -todos aquellos que habían partido antes que ella- la reclamaban en el paraíso. Allí, entre risas, memorias y músicas eternas, la recibieron con los brazos abiertos.

El sueño de integración de los cartageneros
BERNARDO ROMERO PARRACarmencita fue ejemplo de vitalidad y amor por la vida. En un mundo que a veces se complica con lo innecesario, ella supo adaptarse con elegancia y entusiasmo a cada época. Manejaba con destreza cuatro controles remotos, respondía con frescura en WhatsApp y siempre encontraba tiempo para compartir con sus amigas.
No sólo les copiaba páginas con biografías y obras de grandes pintores, también las inspiraba a conversar sobre arte, ópera y cultura, porque ella, apasionada de la ópera, sabía que el arte no se guarda: se comparte.
Y qué decir de sus manos, incansables y delicadas. Trabajaba en unas muñecas bellísimas a las que vestía con paciencia y amor. Les hacía ropa, les ponía cabello, les diseñaba sombreros únicos.
Cada muñeca era un espectáculo, un pedazo de su imaginación convertido en objeto tangible, como si quisiera dejar una estela de ternura y belleza en este mundo.
Siempre arreglada, siempre con la dignidad de quien se respeta a sí misma y a los demás, Carmencita caminó la vida sin quejas. No se lamentaba, no protestaba; simplemente vivía.
Esa capacidad de aceptar la existencia con gratitud y entusiasmo la convirtió en un ejemplo para todos nosotros. Quienes tendemos a quejarnos por lo pequeño, la recordaremos como el recordatorio vivo de que se puede ser feliz sin necesidad de reclamos.
Carmencita Lemaitre de Cesareo fue, es y será un símbolo de vitalidad, de alegría y de amor por lo bello.
Hoy, mientras despedimos su presencia terrenal, celebramos que nos regaló 105 años de inspiración. Su risa, su elegancia, sus muñecas, sus historias y sus gestos quedarán con nosotros.
Porque hay seres que, aunque se marchen, nunca mueren: viven en la memoria, en el ejemplo y en el amor que sembraron.
