La única manera para que el faraón de Egipto dejara salir al pueblo hebreo después de cientos de años de esclavitud, incluso después que el poder de Moisés le desatara varias plagas mortales sin efecto algún, fue cuando la fuerza de Dios le quitó la vida al hijo primogénito del faraón. En ese momento crucial, bajó la guardia.
Don Quijote, hace más de cuatro siglos, le enseñaba a Sancho que el objeto de las armas es generar y crear paz. Coincide su sentencia con el discurso y la premisa republicana; “la paz por la fuerza”.
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Ha sido incesante la lucha del bien contra el mal. Hollywood ha hecho cientos de películas que hablan de ello. La literatura ha creado personajes que se dedican hacer el bien y combatir el mal; Superman, Batman, los héroes de Marvel. Sin embargo, el mal sigue latente, haciendo mucho daño y se arrecia por épocas, como la que estamos viviendo en estos momentos aciagos.
Los sabios de la cultura hebraica hablan de la Klipot, fuerzas malignas que cubren la luz del bien. El mal envuelve el bien como una cáscara a la nuez.
El mundo está viviendo unos periodos terribles de maldad, el que se esparce inevitable, tomando regiones como lo vemos en África con el grupo terrorista JNIM aliado de Al -Qaeda y su contraparte el ISIS.
Pakistán, tomada por las fuerzas malignas del grupo Tehrik-e-Taliban (TTP), causando muertes en la población. Siria, uno de los más afectados por el Hayat Tahriral-Saham. Igualmente Mali, Níger, Nigeria con Boko Haram e Iswap, Somalia con al-Shabaab, Afganistán con Is-Khorassan, Camerún con Boko Haram. Gaza, tomada por la banda Hamás, que hace mucho daño no solo a su propio pueblo, sino al judío. Ese es el grupo terrorista que el ejército de Israel trata de combatir, “llevándose por la banda” a civiles y niños que Hamás utiliza como escudos humanos.
En Suramérica, Chile vivió momentos difíciles con ataques vinculados al conflicto Mapucha. Haití, con múltiples pandillas; Viv Ansanm y Gran Grif, quienes fueron declaradas por el gobierno Trump, como terroristas. México y América Central con los carteles de la droga; el grupo de Sinaloa, El Golfo, Nueva familia Michoacana y el United Cartels. En Venezuela y en casi toda América Latina, el Tren de Aragua. En Ecuador, Los Choneros, con homicidios apoyados por el Estado.
Colombia no se queda atrás, la nación vive un periodo de maldad como no se había vivido hacía tiempos, unas fuerzas del mal caen implacables sobre los ciudadanos. El acuerdo de paz Santos-Farc disparó la producción de cocaína, materia prima de todos los males, “industria” que produce mucho dinero en manos de delincuentes. Existen más de 1.500 bandas criminales detrás de ese negocio que lideran el Eln, las disidencias de las Farc, y el Clan del Golfo con el apoyo soterrado no solo del Estado venezolano, sino también del colombiano.