Mucho se ha especulado sobre la esperada reforma al Rafael Núñez, desde hace un par de años, cuando se nombró a un nuevo concesionario. Sabemos que hay poco espacio donde expandir terminal y pistas para el tráfico aéreo esperado en la próxima década; es casi infaltable semana a semana que veamos noticias relativas a nuestro aeropuerto con razón, casi siempre al aumento del flujo de pasajeros y de las nuevas rutas internacionales que favorecen a la ciudad. Pero el tiempo de concesión es tan corto para las inversiones necesarias, que más parece la repartición de un “mientras tanto”.
Lo cierto es que mientras tanto, cada vez que aterrizo en el Núñez, solo deseo con mucha fuerza que las llantas del avión no se caigan con tanto desnivel de la pista que hace que todo al interior de la cabina tiemble. Solo deseo que ningún pasajero internacional sufra una aparatosa caída desde las escaleras hasta la plataforma de parqueo, o que ninguno sufra un “heat stroke” mientras camina por la pista en busca de su avión o hace la fila para migración. También, cuando voy a comenzar un viaje hacia un clima frío, pido a Dios que el aire acondicionado en todo el aeropuerto, desde los baños exteriores hasta la sala de espera, esté funcionando adecuadamente.
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Mientras se piensa en un nuevo aeropuerto, que sin duda llegará, aunque tarde, escucho visitantes alabando de Cartagena: “En ninguna parte pude imaginarme que pasaría tan corto tiempo entre bajarme del avión y entrar a la habitación de mi hotel”. Una ventaja competitiva de Cartagena es la ubicación del Núñez, pero si queremos mantenerla, hay que sacar a medio barrio Crespo de donde está de tal manera que la terminal sea ampliada generosamente y no sea un mientras tanto.
La ecuación es tan sencilla como esto: ampliación grande + concesión a largo plazo = cero necesidad de buscar otro sitio para un nuevo aeropuerto. Para los siete años que le quedan a esta concesión, cualquier amplitud o mejora que se vaya a hacer será solo eso, un “mientrastantazo”, realizado con el mínimo esfuerzo y un máximo de mercadeo. A menos que se cambien algunas condiciones. Y entonces pienso en la pista, en el calor y en el desorden y todo ese exceso de tropicalismo con la que a veces insistimos en tomar las cosas que merecen, por el bien común, mejor actitud de nuestras neuronas.
Si la idea final es definitivamente construir un aeropuerto en la zona de Bayunca y alrededores, entonces podemos tomar el ejemplo de Panamá con el aeropuerto Allbrook, que se transformó parcialmente en un centro comercial enorme, con parques, zonas verdes y actividades al aire libre para el beneficio de vecinos y visitantes, dejando la pista y la terminal reducido a vuelos regionales.