En la entrevista que el ahora electo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, le concedió a Jorge Ramos y su hija Paola tuvo respuestas evasivas cuando le preguntaron si consideraba dictadores a Jorge Diáz-Canel y Nicolás Maduro. Mamdani y su campaña cayeron en cuenta de la importancia de esa pregunta, y poco después de la entrevista su campaña mandó una nota donde afirmaba lo siguiente: «Quiero dejar clara mi posición: creo que ambos, Nicolás Maduro y Miguel Diáz-Canel, son dictadores».
Durante la anterior campaña por la Presidencia de Colombia, volvieron la pregunta sobre la simpatía de Petro con Maduro un tema banal, infantil, maniqueo y tendencioso; algo como para periodistas de segunda clase, quienes, por un pudor profesional ridículo, o por no quedar mal ante los colegas más intelectuales, dejaron de hurgar en el tema.
Hoy sabemos que no era banal, es existencial: la simpatía de Petro con Chávez y Maduro va mucho más allá que un simple cariño filial de camaradas izquierdistas; ellos tienen en común una manera particular de ver el mundo y de actuar. Si Petro pudiera, hubiese seguido el mismo camino de Chávez, o de Stalin, o de la revolución, en cualquier caso, pero con un poco más de anarquía.

16,6% Los péptidos - Tan solo el 16,6% mantuvo lo que bajó
Stephanie DagerPor eso, para que los que piensan votar por la izquierda progresista del siglo XXI, entiendan que aquí lo que se puede venir sí es la debacle estilo Venezuela, para que entiendan que la voluntad es un destino como el de Venezuela (y con esto digo que no es que terminemos allá por casualidad, sino porque eso es lo que quieren), para que los candidatos no respondan con evasivas de que acá es peor o igual, propongo que a todo candidato a todo cargo se le pregunte:
«¿Considera usted que Chávez fue un tirano?, diga sí o no». Y no me equivoco de personaje, porque Maduro no lo empezó, ni creo que la respuesta descubra solamente una simpatía: no ser contundente ante unos hechos tan tozudos devela la forma en que este candidato es capaz de cambiar la realidad; más aún, proyecta una ética torcida y la manera mediocre y chambona como piensa gobernar. Y yo sé que la soberbia no les permitirá contestar como políticamente conviene; todos ellos ven en Chávez a un héroe, no el tirano chapucero que fue. Más que la postura de izquierda (uno podría admirar a Felipe González o François Mitterrand, a quienes claramente estos bufones no han seguido), lo que veneran en Chávez es una forma de existencia.
Si el 51% del pueblo colombiano tiene la voluntad de votar por la izquierda, lo mínimo que debe conocer es el carácter de sus candidatos, y entonces saber a qué atenerse: que la profundización del cambio no es un giro hacia la equidad, sino una vuelta de la larga fila que dobla la esquina para comprar el pan y la carne, cuando las haya. Revolución sin fila no es revolución.