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Columna

Antes de la tormenta política, respiremos la Navidad

El próximo año será electoral. Habrá campañas, debates y tensiones. Pero también hay una oportunidad real.

Miguel Eduardo Arenas

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Colombia llega a este fin de año cansada. Han sido casi cuatro años de ruido político constante, de divisiones profundas y de promesas que, en muchos casos, no pasaron de los discursos. Ese desgaste no es abstracto: se siente en el transporte público, en los barrios donde la inseguridad se volvió rutina, y en municipios donde la gente ya no pide milagros, sino algo sencillo y urgente: respeto, trabajo y claridad.

Sin embargo, el cansancio no tiene por qué convertirse en resignación. Hoy más que nunca necesitamos unión, pero una unión con propósito. No para gritar más fuerte ni para repetir consignas, sino para conversar con sentido y construir acuerdos básicos alrededor de lo que realmente importa: vivir mejor, vivir tranquilos, vivir con oportunidades.

El próximo año será electoral. Habrá campañas, debates y tensiones. Pero también hay una oportunidad real. Nunca antes habíamos tenido una baraja tan amplia de aspirantes. No estamos obligados a elegir entre los mismos de siempre. Hay nuevas voces, liderazgos jóvenes y personas serias que quieren hacer las cosas bien. Elegir mejor exige elevar el estándar: menos insultos y más propuestas, menos polarización y más capacidad de escuchar.

Por eso, antes de que llegue la tormenta política, hagamos una pausa. Disfrutemos la Navidad. Cuidemos a quienes tenemos cerca. Bajemos el volumen del enojo y recordemos que el país que queremos también empieza en lo ordinario, en cómo hablamos y cómo nos tratamos.

La política volverá con fuerza el año próximo. Que nos encuentre descansados, con esperanza y con criterio. Porque Colombia no está condenada al ruido eterno. También merece calma, encuentro y esperanza.

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