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Columna

Yo no olvido el año viejo

“Para 2026 hay muchas expectativas sobre lo que pueda suceder. ¿Podrá mantenerse, e inclusive aumentarse, el crecimiento económico...”.

Jaime Bonet

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Estos últimos días del año son un buen momento para hacer un balance del que termina y de las perspectivas del que comienza. Considero que 2025 cierra con muchos agridulces sobre el comportamiento económico y social, y a su vez, muchas expectativas para el 2026.

Algunos de los dulces que nos deja el 2025 es el buen comportamiento de unos indicadores económicos; por ejemplo, el crecimiento económico se ubicó por encima de lo esperado y la tasa de desempleo es una de las más baja de los últimos años. Tampoco se puede olvidar que el porcentaje de personas en condiciones de pobreza mantuvo una tendencia a la baja.

Esos resultados los alcanzamos con varias cosas agrias. El crecimiento estuvo jalonado, en parte, por un mayor gasto público, lo que ha generado un incremento en el déficit fiscal del Gobierno Nacional. Para financiar ese déficit, se ha recurrido al endeudamiento del sector público, lo que ha implicado que el Estado colombiano destine mayores recursos a cubrir el servicio de la deuda.

También es posible que el dinamismo de la demanda interna sea fruto de un aumento de las economías ilegales; por ejemplo, unos estudios señalan que las exportaciones anuales de cocaína pueden andar en 15 mil millones de dólares, lo que superaría a las ventas de petróleo al exterior. Además, aunque no se conoce una estimación de la explotación ilegal del oro, se esperaría un aumento importante, porque este mineral ha alcanzado un precio muy alto en 2025.

Volviendo a los dulces, hay que mencionar que parte de los resultados positivos son fruto del buen comportamiento de algunos productos de exportación como el café, que también ha disfrutado de precios internacionales no antes vistos. A su vez, hemos tenido importante aumento en el número de visitantes del exterior, lo que ha estimulado el turismo en distintos lugares del país.

Otro con sabor agridulce es el aumento de las remesas. De entrada es positivo que el 2025 cerrará con un récord en los giros de los colombianos residentes en el exterior a sus familias. En esta ocasión superarán los 12 mil millones de dólares, valor también mayor a las exportaciones petroleras. La parte agria es el hecho de que ese aumento es aparentemente el resultado de flujos migratorios no antes visto en el país: los últimos tres años se reporta que anualmente cerca de medio millón de colombianos salieron y no regresaron.

Para 2026 hay muchas expectativas sobre lo que pueda suceder. ¿Podrá mantenerse, e inclusive aumentarse, el crecimiento económico fruto de una mayor demanda interna y cierta bonanza en algunos productos de exportación? Por el grado de incertidumbre, es muy difícil predecir lo que pueda ocurrir.

Quiero terminar agradeciéndole a aquellas personas que se tomaron un tiempo para leer mis columnas en 2025. Les deseo lo mejor para ustedes y sus familias en 2026.

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