“No, vale, yo no creo” es el nombre del famoso video publicado hace más de 20 años (aún puede verse en YouTube) por el actor venezolano Orlando Urdaneta, quien de manera premonitoria vaticinó todo lo que le ocurriría a Venezuela durante la era de Chávez.
La historia es sencilla y quien suscribe, que por aquella época visitaba regularmente al vecino país, la vivió en carne propia: la negación de la mayoría de los venezolanos a reconocer el desastre que se avecinaba con el gobierno de Chávez y su interés inmediato en convocar una Asamblea Constituyente, cambiar la Constitución del país más rico de América Latina y consolidarse como dictador populista. Según Urdaneta, en Venezuela bien pudo haberse escrito un libro titulado “No, vale, yo no creo”, pues ante cada una de las amenazas que Chávez iba implementando para debilitar las instituciones y robarse la democracia, la respuesta de la gente, cargada de ingenuidad e ignorancia, era siempre la misma: “No, vale, yo no creo”.
Como saben, la historia de arriba cuenta con más de 20 años de haberse iniciado, ha costado enormes cantidades de penurias, lágrimas de sangre, migraciones masivas, hambre colosal y no me alcanzo a imaginar –y léelo bien, mi estimado lector– la cantidad de venezolanos arrepentidos quienes en su momento no hicieron un carajo, cuando todavía podía hacerse algo.

Mercado campesino llegó a Villa Sandra y Nelson Mandela
El UniversalY cuento lo anterior porque jamás olvidaré la advertencia que un día me hizo un amigo venezolano cuando se enteró de la elección de Petro y me llamó expresamente para decirme: “Rumié, Petro puede hacer todas las barbaridades que quiera, y de verdad agárrense firme, porque las hará todas. Ellos tienen una capacidad infinita de acabar con todo lo que se construyó durante décadas con sudor y lágrimas. Pero nunca le permitan abrir la puerta de una Asamblea Constituyente y cambiar la Constitución. Esa línea roja nunca la crucen, porque ahí se pierde el país”, remató.
Entonces, estimado amigo(a), nos llegó el momento de decidir si tomaremos el camino del “no, vale, yo no creo”, o si nos paramos firmes, cada uno desde el metro cuadrado que nos corresponde y frenamos el plan macabro de Petro de convertirnos en otra Venezuela mediante su supuesta Asamblea Constituyente. Yo, por ejemplo, alertando desde la esquina de mis columnas; y tú, desde la esquina infinita de posibilidades que tienes como ciudadano: hablando, previniendo al vecino, capacitando ingenuos, participando en política o haciendo lo que sea necesario. Por cierto, Trump está haciendo su parte en Venezuela.
