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Columna

Palacios populares y el espacio urbano del cine en Cartagena

“Vistos los palacios populares como escuelas del sentimiento, advertimos la relevancia de las películas de rumberas...”.

RICARDO CHICA GELIS

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¿A qué iba Cartagena cuando asistía al cine? A aprender estilos de ser pobre, a actualizar las costumbres y sensibilidades y, en los años sesenta, a aprender los nuevos sentidos de ser joven, pues, las películas no tanto nos dicen qué desear, sino cómo. Más que un objeto, el cine es un proceso que se teje con la vida de la ciudad.

La relación entre los palacios populares y el espacio urbano, más allá de la aparición física de teatros en los barrios de la ciudad, consistió en la carga simbólica que representa ir al cine. Carga simbólica que se manifestó en las diferencias sociales del público y sus modos de juntarse, distinguirse o separarse; en la oferta de los distintos espectáculos públicos, además de la proyección de películas; en los debates entre los periodistas, comentaristas y críticos de cine respecto del comportamiento del público durante los espectáculos; en la postura ambigua y contradictoria de la censura frente a la supuesta inmoralidad del nuevo cine y la actitud desentendida sobre los shows desnudistas en los teatros; en los relatos de crónica roja y su entramado dramático con la sensibilidad de las películas, y, también, esta relación pasa por los cambios urbanos dados en Cartagena en razón de los intereses de la élite por forjar una imagen internacional que favoreciera la consolidación de un polo turístico de primera categoría.

Vistos los palacios populares como escuelas del sentimiento, advertimos la relevancia de las películas de rumberas en su cartelera, un género propio del cine mexicano en su época de oro, que escenificaba melodramas en el ámbito caribeño, en los ámbitos de la vida de muelle, donde el cabaret era central para baile, fiesta y canto. Viendo en cine el show de los cabarets y sus transgresiones al poder reglado, el público cartagenero aprendió el sentimiento geográfico donde Colombia limitaba con México y Cuba, dos fronteras imperiales. Así mismo, las disputas de la frontera imperial se manifestaron con películas antisoviéticas y anticomunistas, como las del Agente 007, situadas en la Guerra Fría donde los héroes eran gringos y los villanos eran los soviéticos.

Cine y espacio urbano interrogan los años sesenta y sus cambios, tensiones y debates en la cultura cinematográfica local respecto a la censura cinematográfica y el papel de la Iglesia; la aparición del Festival Internacional de Cine de Cartagena; la vida de los palacios populares, el papel de la prensa; la reconfiguración de los cineclubes y la irrupción de la crítica cinematográfica en la opinión pública; y reconocer ciertas manifestaciones de la contracultura en cabeza de jóvenes, estudiantes, artistas y cultores que pretendieron un cuestionamiento generalizado a la modorra hispanófila de la ciudad.

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