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Columna

Los grandes de hoy fueron pequeños de ayer

“Esos grandes escándalos de corrupción fueron pequeños actos en el pasado, algunos anotados por los niños…”.

Lucía Álvarez Álvarez

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La vida y su lógica muestra que nacemos pequeños y con el tiempo crecemos para ser grandes. Revisando el ayer analicé un audiovisual de la Procuraduría General grabado en 2018 y protagonizado por niños, entendiendo la importancia de la participación ciudadana y el compromiso de todos para luchar contra la corrupción, hicieron una extensión a la Procuraduría Ciudadana Kids. En el audiovisual, los niños inician hablando de lo que es ser honestos, mientras describen sus actos deshonestos: fingir estar enfermos para no ir al colegio, en especial, cuando tienen exámenes; robar tareas a los compañeros, copiarse en los exámenes, engañar al ratón Pérez para ganar más platica y hasta decir mentiras, de hecho, los niños insisten en la necesidad de siempre preguntarse, ante cualquier actuación, si están siendo correctos o están siendo corruptos.

Si hacemos una encuesta no a los niños sino a los mayores, probablemente todos rechazarán la corrupción, de hecho, todos los colombianos reflejamos indignación cuando escuchamos descripciones de grandes escándalos, olvidando que esos grandes escándalos de corrupción fueron pequeños actos en el pasado, algunos anotados por los niños. Desafortunadamente, por ser pequeños pasan inadvertidos, son invisibles, no llaman nuestra atención y justamente por no frenarlos, van creciendo a través del tiempo para hacerse grandes. No hay efecto sin causa, dice Kaoru Ishikawa, por eso lo que ocurre en el presente es un efecto o consecuencia de lo que sucedió en el pasado.

En enero de 2016, Jaime Bonet, en su columna de opinión de este diario, titulada Corrupción desde el hogar, hizo referencia a prácticas cotidianas que forman ciudadanos con moral relajada, dice que los padres no vemos problema cuando nuestros hijos copian y pegan al realizar sus tareas y ensayos, no respetan los turnos y hasta queman pólvora, justamente porque olvidamos que los hijos van creciendo y como adolescentes, será común saltarse las reglas, usar cédulas de ciudadanía falsas para entrar en sitios de mayores.

Finalmente, pensemos que las leyes existen, pero con actos de corrupción se vuelven ineficaces, incluso programas de lucha contra la corrupción también corren el riesgo de quedarse en buenas intenciones, lo que necesitamos es recuperar la familia como escuela de formación ciudadana de niños fuertes, respetuosos, correctos y honestos, los cuales crecerán para ser ciudadanos ejemplares cuya identidad siempre sea la actuación ética.

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