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Columna

Sin sociedad no hay ciudad

“El proyecto más importante para Cartagena es el diálogo y la construcción de una sociedad con sentido de pertenencia...”.

ANIANO MORALES BLANCO

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Cartagena de Indias es una ciudad que ha aplazado su desarrollo integral e incluyente desde 1948, con el Plan Regulador. Son 78 años planeando y ordenando el territorio para sectores y actores particulares; mientras tanto, los macroproyectos y sus componentes, que verdaderamente benefician a la ciudad, son archivados y reemplazados por proyectos cosméticos que no resisten un frente frío, un mar de leva y, Dios no lo permita, un terremoto, maremoto o una avalancha, producto de la obstrucción de los arroyos naturales que nacen en las cuencas altas de la ciudad, al igual que por los rellenos en los cuerpos de agua internos y en los cerros tutelares como La Popa, Marión y Albornoz.

Para la solución de estos macroproyectos no se puede pretender que, remendando las avenidas y maquillando la zona urbana, mientras se destruye la zona rural sin la revisión y posterior ajuste -tras 25 años- del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el desarrollo integral e incluyente sea una realidad para la ciudad. Se requiere que Cartagena defina su Área Metropolitana para proyectos como las sociedades portuarias, que hoy representan una vergüenza en el perímetro urbano y residencial; la central mayorista de alimentos y abarrotes, con sus muelles de embarque y desembarque, al igual que sus frigoríficos.

El desorden interno podría corregirse si realizamos una verdadera división político-administrativa que nos devuelva la autonomía y el crecimiento de nuevos liderazgos: pasar de las obsoletas tres localidades a cuatro urbanas y dos rurales, para que la planeación participativa y ciudadana nos conduzca a tener un Plan de Ordenamiento Territorial acorde con las necesidades de largo plazo que hoy enfrenta la ciudad.

La otra realidad es que, para sacar estos proyectos de ciudad adelante, debe existir armonía con los gobiernos nacional y departamental. Los recursos del Distrito, por sí solos, no alcanzan. Un ejemplo de ello es que, en las vigencias 2024 y 2025, el Distrito percibió 8 billones de pesos en presupuesto, más un empréstito de $1,5 billones, y aun así no ha podido construir una obra estructural de ciudad de las que se necesitan y se han aplazado por 78 años.

Para concluir, el proyecto más importante para Cartagena es el diálogo y la construcción de una sociedad con sentido de pertenencia y respeto por la ciudad que todos pisoteamos y no valoramos. “Si no hay sociedad, no hay ciudad”. Los tejidos de liderazgo humano en Cartagena están rotos y se requiere diálogo para sanarlos y reconstruirlos. Las preguntas filosóficas siguen vigentes: ¿Por qué, si el Concejo tiene tres periodos aprobando los presupuestos más altos de la historia, no se invierte en estos macroproyectos de ciudad? ¿Será que es más rentable política y económicamente para Cartagena el circo, el asistencialismo mediático y la cosmetología estética?

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