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Columna

Donald, ‘bueno el cilantro, pero no tanto’

“Aseguraban los abuelos que, aun actos virtuosos y palabras sabias, cuando exageran, menguan poder de convicción…”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Aseguraban los abuelos que, aun actos virtuosos y palabras sabias, cuando exageran, menguan poder de convicción.

Hoy, cuando el mundo ebulle con guerras entre Rusia - Ucrania; Israel - Palestina - Líbano; EEUU - Irán, el dolor humano debería superar cualquier cálculo económico, religioso o político, pero ocurre exactamente lo contrario: en 2024 el gasto militar superó récords históricos: 2.718 billones de dólares desperdiciados durante la ‘Guerra fría’: un centenar de países aumentaron presupuestos bélicos, de defensa y de agresión en lugar de mejorar las condiciones de vida y desarrollo humano sostenible: salud, educación, viviendas dignas. Han sido gastos militares que aplastaron sonrisas de niños, pupitres, justicia y vituallas para seres humanos en condiciones de abuso y desigualdad, y el personaje que resalta no puede ser otro que Donald Trump, quien próximo a cumplir 80 años, cuando los humanos disfrutan de la libertad del retiro, conserva arrestos de adolescente.

Hijo de migrantes alemanes y escoceses, casado con Melania (55 años, 25 de diferencia), presidente dos en oportunidades, autoproclamado ‘Policía del mundo’, simboliza la política exterior basada en supremacía militar y unilateralismo, contrariando la historia: la paz auténtica no se marchita ni se impone con tanques y misiles, se construye con justicia social, diálogo y cooperación, sin apetitos políticos y financieros: la historia muestra que el auge armamentista genera espirales de desconfianza, odios que no claudican arrasando al mundo a lo largo y ancho de los siglos: imágenes imposibles de olvidar vividas en siglo XX: sangre, lágrimas, fuego, muerte sin piedad, y aun así pretendemos resucitar a Hitler, Stalin, Mao Zedong, Pol Pot, Leopoldo de Bélgica y Mussolini, que suman 140 millones de seres humanos indefensos asesinados. Colombia: 70 años de conflicto armado interno, advierte al mundo que, a pesar de fracasos, negociar pacíficamente no es rendirse, reconociendo la dignidad del contrario: la verdadera seguridad no depende del tamaño del arsenal, sino de cultivar paz y equidad social, erradicando el hambre y la miseria, verdaderos ‘Jinetes del Apocalipsis’, a quienes debemos doblegar sin pérdida de tiempo.

No es romanticismo ni ingenuidad en un mundo plagado de armas atómicas e inequidades: las guerras no dejan vencedores, todos perdemos convertidos en víctimas o victimarios. ‘Bueno es el cilantro, pero no tanto’, frase de las abuelas que define el carácter democrático del presidente español Pedro Sánchez, oponiéndose a colaborar con el bombardeo indiscriminado a Irán y Líbano: 1.000 civiles murieron, entre ellos 150 niños inocentes transformados en trofeos políticos o religiosos.

Alabamos el excelente liderazgo de Trum derrocando y capturando al dictador Maduro, restableciendo la democracia y la esperanza a venezolanos, pero no tanto mezclando política, religión y petroleo, sacrificando valores universales, insumos de la convivencia que no necesita pólvora ni ojivas nucleares: la vida, sin importar de quien se trate, es sagrada, y la grandeza de una nación no se mide por mortíferas armas, sino por su capacidad insaciable de trasformar al mundo con la túnica del Buen Samaritano. Soñar no cuesta nada.

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