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Columna

Ver ‘Los Miserables’ en 1913

“El estado de ánimo de los obreros contrasta con la actitud altiva de las clases medias y altas. Hay fascinación al seguir los acontecimientos dramáticos”.

Ricardo Chica Geliz

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El 23 de abril de 1913 presentan ‘Los Miserables’ en el Kine Universal, una de las primeras salas cinematográficas de Cartagena. Para tener una idea de qué era ir al cine hace 123 años, vale leer al cronista Carlos Claney en el periódico ‘El Porvenir’:

“Crónica de Kine. Noche de sábado. Más gente, mucho más. Los obreros que han ganado con suprema honradez unos cuartos, han venido a solazarse al Kine, pletóricos de franca alegría. Ellos han oído con tesón la repetición del glorioso nombre de Víctor Hugo y con visiones de agradables cosas quieren sentir ‘Los Miserables’. Y, diseminados por las galerías, charlotean incansablemente. La alta sociedad apenas sonríe y runrunea con suavidad de brisas en secas hojarascas (...) La función principia (...) Ya se refleja la cinta - gloria del Kinematógrafo. ¡Cossete! ¡Valjean! ¡Los malditos Thenardier! ¡El odioso Javert! Se desarrolla una fase de la vida y van pasando los ambiciosos y ruines mesoneros que son la triste cristalización de la infamia. Todos protestan con expresiones salidas a golpes de corazón. ¿Será posible tanta maldad? Sí que lo es! Se susurra en el público por todas partes (...) Juzgo las impresiones generales a través de las mías, porque siempre he creído que en estas circunstancias los hombres sienten igual y viven minutos bajo la misma emoción. Por eso me atrevo a decir que no hubo ojos que dejaran de empañarse por las lágrimas de alegría, viendo desarrollarse aquellos cuadros que vivirán por muchos días en la memoria de los espectadores (…) La confesión es bellísima y amarga. ¿Qué sentisteis amado prójimo cuando leísteis aquello de FUI A PRESIDIO POR UN PAN QUE ROBÉ PARA MI MADRE QUE MORÍA DE HAMBRE? (...) Ha terminado la función a despecho de muchos que quisiéramos gozar un relato de sublimidad y de lirismo para darle algo al espíritu que languidece de inanición en estos recogidos y pesados ambientes. Ya sale la procesión de concurrentes. Van en grupos que parecen romería. Van sintiendo la conclusión de lo grato de estas noches claras de abril. Y van mis ojos verdes inmóviles y mirando no sé si al cielo o a los concurrentes, porque yo creo que esos ojos no miran. En esos ojos en que bebí ilusiones y en que he querido retratarme mirándolos absortos en la cinta que iba desarrollándose, y que ha retratado en Marius mi amor y todos los amores de los muchos locos que allí estábamos”.

Se relaciona película, público y un cronista enamorado. El estado de ánimo de los obreros contrasta con la actitud altiva de las clases medias y altas. Hay asombro y fascinación al seguir los acontecimientos dramáticos. La truculencia del relato periodístico es paralela a los giros argumentales de la historia, sentimientos que se mezclan con el visaje de su amada a la salida del cine en medio del barullo, el éxtasis y el contento.

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