comscore
Columna

Cartagena deshidratada

Desde que la administración actual asumió los destinos de esta ciudad, el problema de la carencia de agua en la mayor parte de la población ha sido una constante.

JOSE DAVID VARGAS TUÑÓN

Compartir

En un ambiente tan convulsionado como el de la sociedad cartagenera, al sol de hoy, con graves acontecimientos de orden público y entregas rimbombantes de escenarios deportivos y carreteras que prometen ser una solución a los problemas viales en la ciudad junto con la puesta en escena de papayeras y promesas al aspecto interno y motivo de nuestros sectores vulnerables; se debe hacer frente a un problema estructural y al cual, la algo nueva y renovada administración distrital, parece no afrontar de la mejor manera y que puede en lo sucesivo desprender del rostro del cartagenero de a pie la mascara que adula al burgomaestre en forma ciega, y es el concerniente al servicio de agua en la ciudad.

Definitivamente, a lo largo de las administraciones distritales, darnos cuenta de que el cemento y las promesas a los habitantes no siempre compra el poder de las masas, es un hecho notorio. Por más, “ni maqueta, ni carreta” que exista, los problemas estructurales de una sociedad como la cartagenera, sustentados en la educación, seguridad, garantía de los servicios públicos básicos, el suministro de alimentación a nuestra población vulnerable y el sistema del transporte; son inconvenientes que más temprano que tarde habrá de explotar precedido del descontento ciudadano y la consecuente movilización civil, derribando aquella imagen de diligencia que pesa sobre la administración actual.

Sin embargo, concentremos nuestra atención en uno de los problemas que genera mas incomodidad: la garantía de los servicios públicos básicos, particularmente el suministro de agua.

En la práctica, desde el 2022 con la sentencia T-401 la Corte Constitucional, refrendó que el acceso al agua potable habrá de ser tenido como un derecho fundamental autónomo. Ante lo evaluado en la jurisprudencia, si bien es cierto, en Cartagena existen redes que “garantizan” el agua a la gran mayoría de la ciudad, lo cierto es que el suministro del preciado liquido ha venido careciendo en forma reiterada de la cobertura que los tubos presuntamente brindan en materia de abastecimiento del mismo. Por lo tanto, la vulneración tácita de las garantías constitucionales se están viendo evidenciadas en forma generalizada, sobre todo ante la realidad de que el acceso al agua crea el ambiente propicio para el detrimento de otros derechos fundamentales que se erigen de forma conexa con el mismo, tal es el caso de el saneamiento básico, salud, dignidad humana, entre otros; con lo cual este es un factor multisectorial.

Desde que la administración actual asumió los destinos de esta ciudad, el problema de la carencia de agua en la mayor parte de la población ha sido una constante con variados episodios de ruptura de tubos que ponen en estado crítico el suministro y las supuestas paradas técnicas para tratar de aminorar la situación. Tales episodios patológicos podríamos enumerarlos en los siguientes:

En 2024 se registraron múltiples cortes de agua en Cartagena, según El Universal (30 de diciembre). El 16 de febrero una rotura de tubería afectó al 40% de la población; el 15 de marzo y el 22 de mayo daños en Albornoz y Altos del Campestre impactaron al 60%; el 12 de junio una protesta en la estación Dolores suspendió el servicio al 100%. El 24 de septiembre trabajos de interconexión afectaron al 40%, y en octubre varias emergencias y fugas dejaron sin agua entre el 40% y 60% de la ciudad. En noviembre hubo reparaciones y nuevas interconexiones con afectaciones del 15% al 63%, y en diciembre una avería en Ceballos impactó al 20%

En cuanto al 2025 la situación no pareció mejorar, más allá de los cortes de agua casi a diario padecido por nuestras comunidades y que no aparecen en prensa se dieron los siguientes: a diferencia del 2024: se presentaron cortes de agua menores, la mayoría en tuberías secundarias. El 9 de abril hubo una suspensión de 36 horas que afectó al 35% de la ciudad; entre el 20 y 22 de mayo más de 75 barrios quedaron sin agua por mantenimiento; el 3 y 18 de junio se reportaron afectaciones en Zaragocilla, Calamares y otros sectores; el 9 de julio hubo cortes en Manga, Campestre y Zaragocilla; el 16 de octubre en Pasacaballos y Membrillal. Finalmente, el 26 y 27 de noviembre una parada técnica de más de 30 horas impactó a más de 200 barrios.

Para lo que va del 2026, el panorama se convierte en desalentador, pues ya van los siguientes episodios: para marzo del 2026 se dio el daño en la tubería de agua cruda del barrio Henequen afectando al 35% de los usuarios de la ciudad; y para el 12 de abril del 2026 se dio la suspensión prolongada y programada por mantenimiento en la planta del Bosque, que afectará a más de 100 mil habitantes en más de 120 barrios.

Luego de lo preciado, nos damos cuenta que, aun cuando aquellos datos no abarquen la inmensidad de daños pequeños y no relatados por la prensa más aquellos olvidados que nunca entran en cifras oficiales, el fenómeno ha sido de carácter recurrente en esta nueva administración que llegó con promesas de innovación y mejoras para la ciudad de Cartagena. Por lo cual, como no se trata de hechos aislados, sino de fallas estructurales recurrentes, tales omisiones para concertar del gestor fiscal, podrían que podrían derivar en algunos reproches de carácter administrativo si a la comunidad no se le brinda se un cierre en cuanto a este padecimiento.

En ultimas, Cartagena atraviesa una de sus peores sequías, institucional e hídrica. Los reportes de 2024 y 2025 muestran una ciudad sometida a cortes constantes: roturas de tuberías, fugas, mantenimientos y protestas que dejaron sin agua a porcentajes que van del 15% al 100% de la población, con barrios enteros paralizados por horas o días. No se trata de incidentes aislados, sino de un patrón que revela la fragilidad de la infraestructura y la incapacidad de las autoridades para anticipar y resolver. El distrito, más allá de señalar a los usuarios como responsables de soportar la carga, debe asumir la obligación de modernizar el sistema y convocar a los actores en torno a soluciones reales. Porque Cartagena, muy turística y todo, sigue siendo una ciudad deshidratada, atrapada en el atraso y con el agua cada vez más lejos de sus ciudadanos.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News