Columna

La trascendencia de los gobernantes

“Existen decisiones tal vez pequeñas, marginales, no muy visibles, que terminan siendo trascendentales e impactan el presente y el futuro de unas poblaciones que...”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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“La verdadera grandeza de una sociedad se mide por cómo trata a sus miembros más débiles”. Esta frase atribuida a Mahatma Gandhi, ha tenido una serie de variaciones por diversos autores y ha sido empleada para expresar la idea de que la grandeza de un gobierno radica en la atención que presta a los más débiles. En nuestro caso es legítimo, honesto y valioso reconocer lo que la administración de Cartagena, en cabeza de su alcalde Dumek Turbay Paz, ha venido realizando en estos dos años largos de gobierno, devolviendo a la ciudad la confianza en sí misma, el optimismo, la capacidad de crecer, modernizarse y ofrecer oportunidades a amplios sectores. Una ciudad que se había acostumbrado a la molicie, al desgreño, a la ineficiencia y al enanismo, ha visto en estos años una transformación que propicia deseos de que este ritmo se sostenga a futuro y que en dos o más gobiernos se conserve el dinamismo y los impactos.

Es comprensible el esfuerzo por enfrentar los problemas grandes y complejos que tiene la ciudad y por eso los distintos actores urbanos lo reconocen y avalan. Pero igualmente existen decisiones tal vez pequeñas, marginales, no muy visibles, que terminan siendo trascendentales e impactan el presente y el futuro de unas poblaciones que, sin lugar a dudas, recordarán por generaciones esas acciones que les permitieron mejorar su calidad de vida, reducir la morbimortalidad, disponer de entornos más saludables y en general tener mejor calidad de vida.

Uno de estos casos es el relacionado con la planta de tratamiento de agua del corregimiento de Arroyogrande, población con algo más de 8 mil habitantes, asentado sobre un acuífero, como lo describió hace unos años un biólogo de la Universidad Javeriana, que “la comunidad se asentaba sobre un río subterráneo”, que de hecho, desde el año 1965 tiene su propio acueducto, pero no de agua para el consumo humano, que le cuesta a la Alcaldía un esfuerzo económico importante, llevando diariamente varios carros cisterna con agua para el consumo humano.

Hoy existe el conocimiento, la tecnología y la ingeniería para resolver estos problemas, para superar el dilema de tener agua, pero no tener agua potable, como le ocurre a esa comunidad. Sabemos que existe voluntad, que se han adelantado distintos estudios, que ya se han tomado algunas decisiones pertinentes, pero falta algo, tal vez simple, como es tomar la decisión de entregarle a Arroyogrande su planta de tratamiento de agua, con su respectiva actualización y modernización de las redes domiciliarias, lo que sin dudas transformara la vida de esta población que parece que hasta hoy el agua en lugar de ser la bendición, parece la maldición para sus habitantes, en especial para la salud y la vida de los más pequeños.

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