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Columna

Las letras y el oficio de vivir

“Leemos para descubrir el mundo, vivimos para recolectar historias y escribimos para darles un sentido eterno. Te invito a leer, a expandir tu realidad...”.

LIDIA CORCIONE CRESCINI

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¿Es la vida un oficio o un simple transcurrir? Si vivir es el arte de habitar el tiempo, entonces la vida es, ante todo, un camino disciplinado. No se diferencia mucho del ejercicio de escribir, ambos exigen una entrega absoluta y una responsabilidad ineludible, primero con uno mismo y, por extensión, con quien nos lee o quién nos convive. Escribir no es llenar páginas; es un acto de honestidad donde el autor se ofrece como testimonio de su propio paso por el mundo. Ayer concluyó la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Los pasillos eran una romería de gentes que, como hormigas, se movían entre pabellones. Me pregunté con insistencia: ¿A qué vienen? ¿Es el placer del encuentro social, la curiosidad de ver al escritor de moda, o un hambre real de narrativa y poesía? Es esperanzador ver los stands de literatura infantil, esos espacios maravillosos donde el asombro aún sobrevive. Sin embargo, para el escritor que entiende su oficio como un apostolado, surge la duda: ¿vale la pena la entrega en un mundo de consumo inmediato? Es entonces cuando aparecen los reconocimientos como megáfono que permite que la obra llegue a más lectores. En un oficio que data de antes de Cristo, el autor contemporáneo parece atrapado en una encrucijada.

Las redes sociales han transformado la lectura en algo fragmentado y veloz. El reto ya no es solo escribir con rigor, sino sobrevivir al ruido digital que todo lo simplifica. El oficio de escribir hoy requiere una disciplina casi mística frente a la distracción. No se trata de competir con el algoritmo, sino de rescatar la profundidad. ¿Cómo lograr que el lector nos acompañe en este viaje? La respuesta reside en la autenticidad. El lector busca una verdad, un refugio, una conexión que no se agote en el scroll infinito de una pantalla.

La escritura seguirá siendo ese camino de entrega mientras existan autores dispuestos a ver la literatura no como un producto de mercado, sino como esa ‘casa de palabras’ donde la vida se detiene para ser comprendida. Solo así, en medio de la multitud que desfila por las ferias, el encuentro entre quien escribe y quien lee dejará de ser una casualidad para convertirse en un acto de obstinación y belleza.

Escribir es el arte de transformar ideas, emociones y conocimientos en palabras estructuradas que trascienden el tiempo. Requiere una mezcla de disciplina técnica, observación profunda de la realidad y la valentía de compartir una voz propia; y vivir es una mezcla de experiencias constantes, desde lo más cotidiano hasta los grandes hitos, donde cada persona busca darle un propósito propio. Leemos para descubrir el mundo, vivimos para recolectar historias y escribimos para darles un sentido eterno. Te invito a leer, a expandir tu realidad, a fortalecer el cerebro, a desarrollar la empatía y a encontrar tu herramienta de libertad.

*Escritora.

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