Columna

¿Nueva pandemia?

“Las autoridades de al menos 12 países están monitoreando a 17 pasajeros que desembarcaron antes y regresaron a sus hogares...”.

Christian Ayola

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Cuando todavía no hemos pasado la página de las terribles consecuencias somáticas, psicológicas y financieras de la pandemia por el COVID-19, sentimos de nuevo la amenaza, esta vez por el temible hantavirus, especialmente por su variante andina, que permite el contagio entre humanos. Al tener los primeros infectados aislados en un crucero en la mitad del océano, confiábamos en que sería más fácil detener la expansión del virus, considerando que, aunque más letal que el coronavirus, es menos transmisible. Esto resultó incierto, demostrando que en epidemiología pueden intervenir variables complejas e inesperadas.

Las autoridades de al menos 12 países están monitoreando a 17 pasajeros que desembarcaron antes y regresaron a sus hogares por vía aérea a Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Nueva Zelanda, Singapur, Suecia, Suiza y Turquía. En Estados Unidos, en varios estados se han comunicado seguimientos a casos y a sus contactos. Tarea por demás difícil, debido a que el largo tiempo de incubación del hantavirus en humanos -es decir, el periodo entre la exposición al virus y la aparición de los primeros síntomas- puede variar entre 1 y 8 semanas, con un máximo documentado entre 42 y 45 días, dependiendo de la cepa involucrada.

Desde el 4 de mayo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo público el incidente, hasta la fecha se han confirmado 8 casos y 3 muertes vinculadas al brote del crucero MV Hondius, que incluyen a Países Bajos, Alemania, Reino Unido y Suiza. Argentina está siendo investigada como posible lugar de exposición. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, declaró durante reuniones sobre el acuerdo pandémico y la revisión de las normas internacionales de salud que una nueva pandemia “no es un riesgo teórico; es una certeza epidemiológica”. Su formulación y su repetición en foros oficiales pretenden subrayar la necesidad de preparación global.

Mientras en Colombia asistimos a una misa de tiempo futuro, sin réquiem por los muertos; porque, de declararse una pandemia por hantavirus, encontraría a nuestro sistema de salud colapsado, con más de 4.100 Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) que recientemente han cerrado servicios o sedes, situación atribuida a la profunda crisis financiera del sector debido a la acumulación de deudas de las EPS con los hospitales y clínicas, que alcanzó los 25,7 billones de pesos al inicio del 2026. A esto se suma el irresponsable desabastecimiento de medicamentos y una gran cantidad de médicos, enfermeras y demás personal sanitario con salarios atrasados, sin motivación para exponer su vida tal como lo hicieron durante la pandemia del COVID-19. Este es el peligroso resultado de intentar aplicar reformas ideológicas sin planeación científica, técnica o jurídica apropiada a un sistema que, aunque enfermo, era funcional.

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