En todo momento necesitamos renacer: revisar interiormente qué podemos corregir o fortalecer para ser mejores personas, cómo cultivar relaciones con genuino amor e interés por el bien de los demás, y cómo contribuir a la sociedad ofreciendo nuestro mejor servicio en el trabajo y en la vida comunitaria.
En mi experiencia, nada nos transforma más profundamente ni nos hace más felices que permitir a Dios trabajar por dentro de nuestro corazón. Hasta las realidades más sencillas adquieren valor sobrenatural y se convierten en camino de crecimiento.
Hoy celebramos un día muy especial: aquel en que nuestro Padre Dios, después de colmar de gloria a su Hijo Jesucristo, dándole todo poder en el cielo y en la tierra, nos envía al Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, el amor que une al Padre y al Hijo, como persona distinta y, a la vez, una en Dios.
Dios Padre envía al Espíritu Santo para acompañarnos todos los días, hacernos renacer, santificarnos y transformarnos desde el corazón, para que nos comprometamos con el bien y el amor, hasta llevarnos al cielo: la vida en plenitud, en su presencia y comunión de amor con Él.
En unión con el Espíritu Santo y sostenido por su gracia, quien desea ser discípulo de Jesús aprende a iluminar todas sus realidades desde su vida y sus enseñanzas, a comprender mejor su mensaje, a amar como Él y a convertir ese amor en entrega generosa al servicio de las almas que le rodean, en comunión con la Iglesia, comunidad de creyentes.
Abrámonos a la acción del Espíritu Santo. Permitamos que nuestras realidades personales, familiares, laborales y sociales estén guiadas por metas trascendentales para nuestra vida y la de los demás. Si trabajamos por el reino de justicia, paz y amor, todo lo demás lo recibiremos por añadidura.
Ante la cercanía de las elecciones presidenciales, abramos el corazón a Dios y busquemos líderes íntegros, valientes y comprometidos; personas que reflejen los dones del Espíritu y el deseo sincero de construir un mejor país, con Dios como centro y reinando en el corazón de su gente.
Me alegra que tanto Paloma como el Tigre cuenten con grupos de oración que los acompañan y defiendan la libertad religiosa; ojalá eso los comprometa a trabajar de la mano de Dios por el bien, la justicia y la paz. Por ahora, quiero ver a Paloma volar más alto: confío en su defensa valiente de los valores cristianos, sostenida durante 12 años con honestidad, entrega, perseverancia y preparación. El Tigre ha hecho una campaña valiosa, despertando fervor patrio y mostrando firmeza e independencia. Que Dios nos ayude a elegir bien y que el Espíritu Santo nos renueve para construir, entre todos, una mejor sociedad.
*Economista, orientadora familiar y coach personal y empresarial.
